La Exposición se hace en la Casa Lonja, en este Archivo general de Indias que tantos tesoros bibliográficos encierra, de fines del siglo xv a principios del xix.
Es una necesidad esforzarse porque no continúe siempre ignorado en América, o muy mal conocido por la mayoría de nuestros escritores y maestros, este gran centro ilustrativo, único en su clase en el mundo.
Ya que pasó desapercibido para muchos el 25 de septiembre de 1913, sin un recuerdo a Vasco Núñez de Balboa y a los capitanes que abrieron la ruta de la Mar del Sur, voy a pagar con gusto un tributo de cariño a las cuestiones históricas, apuntando manuscritos y papeles viejos.
Que vayan estas modestas líneas a engrosar las que con el título de Notas útiles (que no sé si realmente lo son), he enviado durante mi ausencia.
Recordaré antes al lector que a este Archivo han venido los principales escritores sobre antigüedades de América, en busca de noticias fehacientes; que su documentación sirvió al cronista Antonio de Herrera, a Juan B. Muñoz, a Irving, Prescott, Jiménez de la Espada, Harrisse y a otros muchos, y que el Perú, como Venezuela y otros países de América, acudió a él para completar sus títulos coloniales en sus controversias limítrofes con el Brasil, Bolivia y el Ecuador.
Para proceder con orden, hablaré primero de la Casa Lonja, donde se guarda el Archivo; en seguida del acto académico oficial, celebrado el 19 de diciembre último; para examinar después, siquiera rápidamente, los documentos expuestos.
II
La Casa Lonja y el Archivo de Indias
A mediados del siglo xvi, en que España tenía el monopolio del comercio en América, los comerciantes nacionales y extranjeros se reunían en las gradas de la Cátedral ofrecer y comprar sus mercaderías: pero los días de lluvia entraban en el templo a continuar sus tratos y gritería.
Esto motivó las quejas del Arzobispo y que Felipe II mandara construir la Casa Lonja, conforme a los planos del arquitecto Herrera, autor también de los del Escorial.
Las obras terminaron en 1598.