de ser todo el edificio de piedra, con grandes bóvedas, los pisos de mármol y la madera incorruptible, hacen del Archivo de Indias de Sevilla un verdadero Sanatorio bibliográfico.
III
El acto académico
El acto académico se ha resentido de precipitación, como observan algunos diarios sevillanos.
Cerca del Ministro de Instrucción Pública, don Francisco Bergantín, estaban: el Alcalde de la ciudad; el Padre Fita, Director de la Real Academia de la Historia; el Rector de la Universidad local, y Mr. Villard, Embajador de los Estados Unidos, que solicitó concurrir al acto; el Jefe del Archivo y algunos empleados subalternos.
Después del obligado saludo del Alcalde de la ciudad, habló el Padre Fita, presidente del Comité a cuyo cargo corre la Exposición, y terminaron los discursos con el del Ministro de Instrucción.
Salvo el Embajador norteamericano, no había representantes de América: omisión que no me explico. ¿O el Comité se olvidó de hacer invitar al Ministro del Perú y a los demás agentes diplomáticos americanos que residen en Madrid, o no creyeron estos señores deber concurrir?
De los tres discursos, el más notable fué el del Alcalde de Sevilla. Dijo que los hijos de América debían considerar esta tierra «como su casa solariega, por la afinidad de su clima y la feracidad de su suelo, por los interesantísimos estudios que en sus archivos hacen de sus respectivas nacionalidades, por la intensa corriente de atracción que establece su comercio espiritual y por el intercambio de sus más preciados productor agrícolas e industriales».
Siguió el Padre Fidel Fita.
No estuvo en su día el ilustrado jesuita, autor de tantos trabajos importantes; improvisó su discurso a última hora, así que no pudimos escuchar de los labios del Director de la Real Academia de la Historia una pieza magistral sobre la empresa del Adelantado Vasco Núñez de Balboa y los ricos documentos expuestos en el Archivo en su celebración de este centenario.