nidas en el pueblo de Miraflores para las transacciones instaladas con el general de San Martín, y documentos presentados por parte de los comisionados en ellas».
Ya se sabe que esas negociaciones fracasaron. «Siento sobremanera, decía el general San Martín al virrey Pezuela, en carta escrita en Chincha el 5 de octubre de 1820, que V. E. no esté autorizado para contribuir a la paz, sino sobre la base inadmisible del juramento a la Constitución española...» Confirma el virrey dos días después el hecho en nota, declarando faltarle dicha autorización.
Vienen en seguida otros documentos, originales y en copia, útiles para la historia de esas tentativas de arreglo que en el Perú, como en los demás países de América, fracasaron siempre por idéntica causa: la pretensión absurda de Fernando VII, juguete entonces de la política de la Corte, de que los pueblos americanos renunciaran al derecho de gobernarse por sí mismos.
Figura la correspondencia cruzada entre el nuevo virrey de Lima,La Serna, y el general San Martín, en 1820, notas, instrucciones para la celebración del armisticio y otros papeles, aun posteriores a la proclamación de la independencia en la plaza principal de Lima el 28 de julio de 1821, y documentos relativos a la capitulación de las fortalezas del Callao en septiembre de 1821.
Pero más que todo lo que precede tiene valor especial un cuaderno de papeles sueltos que llevan esta advertencia: Reservado.
Hoy no caben reservas en materias históricas. Recuerdo que un notable historiador venezolano, pero algo hostil al general San Martín, dice, al ocuparse de las conferencias del comisionado regio, don Manuel Abreu, con el expresado general: «Esto (lo que pasó en dichas conferencias) no podrá determinarse sino cuando se estudie la correspondencia de Abreu en los Archivos españoles.»[1] Pues bien; acabo de tener en mis manos esa correspondencia, y cuanto allí pasó, con perdón del crítico venezolano, no puede ser más honroso para el general San Martín.
Después de la palabra reservado, dice así el cuaderno: «Don Manuel Abreu, comisionado para la pacificación del Perú, da parte desde Lima, con fecha 6 de noviembre de 1821, de las ocurrencias en las negociaciones con los disidentes y remite las Gacetas de aquella capital hasta 21 de septiembre de 1821 y demás impresos.»
La copia íntegra de tan interesante documento autógrafo, ocuparía mucho espacio en este artículo, y prefiero dar al lector sólo lo más importante.
- ↑ Carlos A. Villanueva: Fernando VII y los nuevos Estados. P. Ollendorff, París.