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Página:El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla - rápida reseña de sus riquezas bibliográficas (IA archivodesindias00larrrich).pdf/36

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Después de haber recorrido el famoso Archivo general de las Indias, voy a hacer una visita a la «Colombina» y a echar una rápida ojeada sobre sus principales documentos; pero suplico al lector que se sirva acompañarme antes a saludar las tumbas de los dos Colón, padre e hijo, cuya memoria se impone al respeto y a la admiración de todos los hombres.

Los restos de Cristóbal Colón y de su hijo

Uno y otro yacen en la Catedral, dentro del templo mismo.

El monumento elevado al Descubridor en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua, se compone de cuatro grandes estatuas alegóricas, o sean heraldos de Castilla, León, Aragón y Navarra, que sostienen el sarcófago donde se guardan los restos de Cristóbal Colón. Este hermoso grupo de bronce, obra de Mélida, descansa sobre un zócalo de piedra de 1'30 metros de altura.

Como se sabe, estos restos han hecho algunos viajes. Después de peregrinar por España, de Valladolid los llevaron a la Isla de Santo Domingo, conformándose con las disposiciones del inmortal navegante que quería descansar en la tierra que descubrió; pero como pasase a Francia el dominio de la isla, se trasladaron a la Habana, y pocos años antes de emanciparse Cuba, los trajeron los españoles a Sevilla. Por consiguiente, en verdad, para cumplir la voluntad de Cristóbal Colón, sus restos debieran volver al Nuevo Mundo.

Con motivo de tales cambios, hase hecho por algunos en España una acusación a la ingrata América; pero nada hay que la justifique.

No se puede decir que la emancipación es una ingratitud; está en la naturaleza. Cuando los hijos crecen y necesitan formar familia aparte, la madre no puede tener la pretensión de abrigarlos siempre y tenerlos bajo su pupilaje. Al contrario, debe gozar con verlos libres, fuertes y felices.

También se ha puesto en duda la autenticidad de estos restos; pero no ha terminado la discusión de este asunto. ¿No será una de esas novedades que nunca faltan en estos casos, por llamar la atención pública? ¿No inventó alguien la especie de que los despojos de Francisco Pizarro, que yacen en la Catedral de Lima, ofrecían dudas; a pesar de que a nadie se le había ocurrido decirlo en varios siglos y de que su autenticidad está perfectamente comprobada, histórica y científicamente?