hacer un cálculo prudente, de 16 a 18,000 volúmenes. Consagróse luego en Sevilla, con verdadero cariño de intelectual, a organizar y enriquecer su biblioteca.
Al morir dispuso que ésta pasase a su sobrino don Luis, con una renta y la obligación de conservarla y aumentarla; si don Luis no cumplía, debía hacerse cargo de ella el Cabildo eclesiástico, y a falta de éste, el Convento dominico de San Pablo. Habría desaparecido el precioso legado en manos del primero, joven inepto para el caso, a no haberse hecho trasladar los libros en 1544 al Convento de San Pablo, de donde los recogió a granel el Cabildo, ocho años después, haciendo valer sus derechos.
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Biblioteca Colombina
Debemos felicitarnos de que así sucediera; porque al celo del Cabildo se debe la conservación e integridad del depósito que recibiera.
Por lo que he podido calcular, creo que el número de libros que componen hoy la biblioteca de don Hernando no alcanzará a las dos terceras partes del antiguo. Las demás obras, unas se han destruido y otras han salido de Sevilla y sirven probablemente para enriquecer bibliotecas extranjeras.
Naturalmente; con todos estos cambios y traslaciones se maltrataron muchos libros y se perdieron otros, en particular una magnífica colección de estampas, de la que no queda sino las inscripciones hechas en el catálogo, de puño y letra del fundador. Esto, sin contar con el daño que hicieron los encuadernadores, metiendo la cuchilla torpemente en los textos, a veces hasta llevarse de encuentro las anotaciones de don Hernando, como se ve en los libros correspondientes a los números 2,884, 9,223 y 10,244 del Registrum.
Se puede asegurar que sólo de pocos años a esta parte las autoridades se han dado cuenta clara del tesoro bibliográfico de Sevilla. Ya las cosas han cambiado. Los papeles con tanto tesón reunidos por don