Conclusión
Si el «Archivo de Indias» es una mina de documentos relativos a la conquista y al gobierno de América, hasta la emancipación de las colonias la «Biblioteca Colombina» no vale menos en cuanto se refiere a la época del descubrimiento. Ambos depósitos se completan.
Lo que falta es conocerlos bien y estudiarlos. Según lo que personalmente he podido observar, hase iniciado por lo pronto un período de organización en ambos establecimientos, y hay el propósito de mejorar y conservar las colecciones y buena voluntad para atender a los investigadores: todo lo cual permite abrigar la esperanza de que durante el siglo que principia serán bien aprovechados los documentos que allí se custodian y se llevará a cabo la obra, ya iniciada, de reconstrucción de la historia del Nuevo Mundo.
La base de esta investigación tiene que ser necesariamente la existencia de buenos catálogos, obra larga y difícil. Ya me he ocupado del trabajo comprendido por el Jefe del Archivo de Indias. En cuanto a la «Colombina», hasta hace poco existían solamente, que yo sepa, las descripciones de algunos libros por don Bartolomé Gallardo, en su Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos, después de haber visitado la «Colombina»; los importantes trabajos de don Justiniano Matute, publicados en el Archivo Hispalense, de Sevilla, por los años de 1886 y 1887 y los de Mr. Harisse, dignos de conocerse,[1] sin contar con notas y publicaciones particulares de otros escritores.
Precisaba una catalogación que tuviese unidad y fuera más completa, o más propiamente, hacer dos catálogos: uno de los libros del Cabildo eclesiástico y otro de los pertenecientes a la «Colombina». De esta última tenemos, es cierto, el Abecedarium y el Registrum, de don
- ↑ Creo útil dar una corta relación de las obras de Mr. Harrisse, personalidad literaria muy discutida. La mayor parte de estas obras son raras y su adquisición difícil; porque el autor hizo ediciones lujosas y en corto número. Si es cierto que este bibliófilo cometió muchos errores, por ligereza unas veces y otras por no conocer bien el idioma castellano, hay que reconocer, en cambio, que prestó utilísimos servicios a la historia de América, desempolvando papeles viejos y despertando el amor a esta clase de estudios.
Además de su «Biblioteca Americana Vetustissima», New-York, 1866 y París, 1872, publicó una historia crítica de Cristóbal Colón, París 1884; un opúsculo sobre los Colombo de Francia e Italia, París, 1874; The Diplomatic history of America, its first chapter (1452-92-94) en Londres, 1897; The Discover of North America, París y Londres, 1892; Introducción de la imprenta en América, Madrid, 1872; una curiosa colección de calcos para una obra sobre la Evolución cartográfica de Terranova. Respecto de Hernando Colón, publicó un ensayo crítico sobre su vida y obras, París, 1872; otro titulado Grandeur et décadence de la Colombine, donde habla de los despojos que ha sufrido esta biblioteca, París, 1885; y algún otro de que ya me he ocupado en el curso de este trabajo. Los españoles se quejan de Mr. Harrisse, tachándole de falta de veracidad.