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Página:El Cíclope - Eurípides.pdf/25

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Sileno.

Aquellos, por que no les dejaba que se llevasen tu hacienda.

Cíclope.

¿lgnoran que soy un dios y descendiente de dioses?

Sileno.

Ya se lo dije: pero ellos saqueaban tu caverna y se comian tus quesos, aunque yo trataba de impedírselo: se llevaban tus corderos y decian que, atándote á un poste de tres codos, te arrancarian á viva fuerza las entrañas y te matarian á palos. Despues pensaban echarte atado al fondo de su nave y venderte á cualquiera para que te emplease en arrancar piedras ó en bajarlas á un molino.

Cíclope.

¿Es verdad? Pues bien, corre, afila mis cortantes cuchillos lo más pronto que puedas y arrima un gran haz de leña al fuego, por que quiero matarlos al instante y saciar mi apetito: los asaré en las brasas y me los comeré bien calientes; yo mismo me serviré de cocinero; á los restantes los coceré en una caldera. Ya estoy harto de selváticos alimentos; bastantes ciervos y leones he comido y hace mucho tiempo que no he devorado carne humana.

Sileno.

Nada hay tan sabroso como el nuevo manjar