El carácter de acreedor ó deudor surge aquí de la circulación simple de las mercancías. Su cambio de forma imprime ese nuevo sello al vendedor y al comprador. Al principio, esos son papeles representados tan pasajera y alternativamente por los mismos agentes de la circulación, como los de vendedor y comprador. Sin embargo, el contraste es desde su origen menos afectuoso y es susceptible de mayor cristalización[1]. Pero los mismos caracteres pueden presentarse fuera de la circulación de mercancías. La lucha de clases del mundo antiguo, por ejemplo, ofrece en lo principal la forma de un combate entre acreedores y deudores, y termina en Roma con la derrota del deudor plebeyo, que es reemplazado por el esclavo. En la Edad Media, la lucha termina con la caída del deudor feudal, que junto con su base económica pierde su poder político. Sin embargo, en estos casos la forma dinero—y la relación entre acreedor y deudor posee la forma de una relación de dinero—sólo refleja el antagonismo de condiciones económicas más profundas.
Volvamos á la esfera de la circulación de mercancías. La aparición simultánea de los equivalentes mercancía y moneda en ambos polos del proceso de la venta ha cesado. La moneda funciona ahora, primero, como medida del valor en la determinación del precio de la mercancía vendida. Su precio, fijado por contrato, mide la obligación del comprador, es decir, la suma de dinero que él debe en un plazo determinado. En segundo lugar, la moneda funciona como medio ideal de compra. Aunque no existe sino en la promesa de dinero del comprador, realiza el paso de la mercancía de unas manos á otras. Sólo al vencerse el plazo entra realmente en circulación el medio de pago, es decir, pasa de las manos del comprador á las del vendedor. El medio de circulación se transforma en tesoro cuando el proceso de la circulación se interrumpe con su primera fase ó la figura transformada de la mercancía es sustraída á la circulación. El medio de pago no entra en la circulación sino después que la mercancía ha salido de ella. La moneda ya no sirve de intermediario en el proceso, sino que lo cierra por sí misma, como existencia absoluta del valor de cambio ó mercancía general. El vendedor transforma la mercancía en dinero para satisfacer con éste una necesidad; el atesorador, para conservar la mercancía en la forma moneda; el comprador endeudado, para poder pagar. Si no paga, realízase la venta forzosa de sus bienes. La figura del valor de la mercancía, la moneda, pasa así á
- ↑ Sobre las relaciones de deudores y acreedores entre los comerciantes ingleses á principios del siglo XVIII: «Aquí, en Inglaterra, reina entre los hombres de comercio un espíritu de crueldad tal como no se encuentra en ninguna otra sociedad humana ni en ningún otro reino del mundo.» (An Essay on Credit and the Bankrupt Act, Londres, 1707, pág. 2.).