Hace más de dos mil años, sin embargo, que la inteligencia humana trata en vano de penetrarla, en tanto que ha tenido al menos un éxito aproximado en el análisis de formas mucho más complejas y substanciales. ¿Por qué? Porque es más fácil estudiar el cuerpo ya desarrollado que la célula. En el análisis de las formas económicas, por otra parte, no podemos servirnos del microscopio ni de los reactivos químicos; tenemos que reemplazarlos con la fuerza de la abstracción. Ahora bien; en la sociedad burguesa, la forma mercancía del producto del trabajo, ó la forma valor de la mercancía, es la forma celular económica. Para el ignorante, su análisis parece no ocuparse sino de pequeñeces. En realidad, se ocupa de pequeñeces, pero como de ellas se ocupa la anatomía microscópica.
Excepto la parte relativa á la forma del valor, no se podrá, pues, decir que es difícil entender este libro. Supongo, por supuesto, lectores que quieran aprender algo nuevo y quieran también, por lo tanto, pensar por sí mismos.
El físico observa los fenómenos naturales allí donde se presentan más intensos y menos perturbados por influjos extraños, ó, si es posible, hace experimentos en condiciones que aseguren la marcha regular de los fenómenos. Lo que tengo que investigar en esta obra es la manera de producción capitalista y las relaciones de producción y de tráfico que á ella corresponden. Inglaterra es hasta ahora su sitio clásico. He ahí por qué sirve de ilustración principal para mi exposición teórica. Pero si el lector alemán se encogiese farisaicamente de hombros ante el estado del trabajador inglés de la agricultura y de la industria; si se contentare, en su optimismo, con que en Alemania las cosas no están todavía tan malas, tendría yo que decirle ¡De te fabula narratur!
No se trata del mayor ó menor grado de desarrollo de los antagonismos sociales que surgen de las leyes naturales de la producción capitalista. Se trata de estas leyes mismas, de estas tendencias que obran y se imponen con una necesidad férrea. El país industrialmente más desarrollado, no hace más que mostrar á los otros el cuadro de su propio porvenir.
Pero prescindiendo de esto, donde la producción capitalista se ha naturalizado entre nosotros, en las fábricas propiamente dichas, por ejemplo, las condiciones son mucho peores que en Inglaterra, porque falta el contrapeso de las leyes sobre las fábricas. En todas las otras esferas nos atormenta, lo mismo que á todo el resto occidental del continente europeo, no sólo el desarrollo de la producción capitalista, sino también su falta de desarrollo. Junto con los males modernos, nos aflige toda una serie de males heredados, debidos á que aun vegetan viejos y anticuados modos de producción, con su sé-