en general (universal wealth). Predomina su función como medio de pago, para nivelar los balances internacionales. De ahí la consigna del sistema mercantil: ¡balance de comercio![1] El oro y la plata sirven como medio internacional de compra, principalmente cuando se perturba de repente el equilibrio tradicional del comercio entre distintas naciones. Por fin, como materialización social absoluta de la riqueza, cuando no se trata de compra ni de pago, sino de la transferencia de la riqueza de un país á otro, y cuando esa transferencia no se puede hacer en forma de mercancías, ya por las circunstancias del mercado, ya por el fin que se trata de llenar[2].
Lo mismo que para su circulación interna, cada país necesita un fondo de reserva para la circulación universal. Las funciones de los tesoros provienen, pues, en parte, de la función de la moneda como medio interno de circulación y de pago, y, en parte, de su función como moneda universal[3]. Para este último papel se requiere siempre la mercancía-moneda real, oro y plata, por lo cual James Steuart distingue el oro y la plata de sus suplentes simplemente locales, y los caracteriza expresamente como money of the world.
El movimiento de la corriente de oro y plata es doble. Por una
- ↑ Los adversarios del sistema mercantil, según el cual el fin del comercio universal era recibir en oro y plata el saldo del balance del comercio, han desconocido á su vez por completo la función de la moneda universal. He demostrado extensamente, á propósito de Ricardo (ob. cit., pag. 150 y sig.), cómo el falso concepto de las leyes que regulan la masa de los medios de circulación se refleja en el falso concepto del movimiento internacional de los metales preciosos. Su falso dogma: «Un balance desfavorable del comercio nunca proviene sino de una superabundancia de moneda..... La exportación del numerario es causada por su baratura, y no es el efecto, sino la causa de un balance desfavorable», ya se encuentra por eso en Barbon: «El balance del comercio, si es que lo hay, no es la causa del envío de la moneda al exterior del país, sino que proviene de la diferencia del valor de los lingotes en cada país.» (N. Barbon, ob. cit., págs. 59-60.) MacCulloch, en The Literature of Political Economy, a classified catalogue, Londres, 1845, alaba á Barbon por esa anticipación; pero evita prudentemente hasta el mencionar las formas ingenuas que dá él todavía á sus absurdas suposiciones del currency principle. La falta de crítica, y aun de honradez, de ese catálogo resaltan en las secciones sobre la historia de la teoría de la moneda, porque en ellas MacCulloch mueve la cola como sicofante de Lord Overstone (ex banquero Loyd), á quien llama «facile princeps argentariorum».
- ↑ Por ejemplo, en caso de subsidios, de empréstitos de guerra ó para Bancos que van á restablecer sus pagos en moneda sonante, etc., el valor puede ser requerido precisamente en la forma de moneda.
- ↑ «No quisiera, en verdad, prueba más convincente de la aptitud del mecanismo de las reservas en los países de curso metálico para desempeñar toda función necesaria en los ajustes internacionales, sin ayuda sensible alguna de la circulación general, que la facilidad con que Francia, apenas repuesta de la conmoción de una destructora invasión extranjera, dentro del término de veintisiete meses completó el pago de su contribución forzosa de cerca de 20 millones á las potencias aliadas, y una proporción considerable de ella en metálico, sin contracción perceptible ni desarreglo de su circulación, ni tampoco fluctuaciones alarmantes de su cambio.» (Fullarton, ob. cit., pág. 191.) [Nota de la cuarta edición.—Un ejemplo todavía más notable es la facilidad con que la misma Francia ha podido pagar en treinta meses, de 1871 á 1873, una indemnización de guerra más de diez veces mayor, también en gran parte en metálico.—F. E.]