La forma inmediata de la circulación de las mercancías es M—D—M, transformación de mercancía en dinero y retransformación del dinero en mercancía, vender para comprar. Pero junto á ella encontramos otra específicamente distinta, la forma D—M—D, transformación de dinero en mercancía y retransformación de la mercancía en dinero, comprar para vender. El dinero que describe en su movimiento esta última circulación se transforma en capital, se hace capital y es ya, por su destino, capital.
Examinemos más de cerca la circulación D—M—D. Ésta recorre dos fases opuestas, lo mismo que la circulación simple de las mercancías. En la primera fase, D—M, compra, el dinero se transforma en mercancía; en la segunda fase, M—D, venta, la mercancía se retransforma en dinero. Pero la unidad de ambas fases es el movimiento de conjunto que cambia dinero por mercancía y la misma mercancía otra vez por dinero, que compra mercancías para venderlas, ó que, si prescindimos de las diferencias formales entre compra y venta, con el dinero compra mercancía y con la mercancía compra dinero[1]. El resultado final de todo el proceso es el cambio de dinero por dinero, D—D. Si compro en 100 libras esterlinas 2.000 libras de algodón, y vendo en 110 libras esterlinas las mismas 2.000 libras de algodón, he cambiado en definitiva 100 libras esterlinas por 110 libras esterlinas, dinero por dinero.
Ahora bien; salta á la vista que el proceso de la circulación D—M—D sería absurdo y vacío, si por medio de él se quisiera cambiar sumas iguales de dinero, por ejemplo, 100 libras esterlinas por 100 libras esterlinas. Mucho más simple y seguro sería el método del atesorador que guarda sus 100 libras esterlinas en lugar de entregarlas á los peligros de la circulación. Por otra parte, que el comerciante venda en 110 libras esterlinas el mismo algodón que compró en 100, ó tenga que darlo por 100 ó aun por 50 libras esterlinas, su dinero en cualquier caso habrá descrito un movimiento propio y original, completamente distinto del de la circulación simple de las mercancías, por ejemplo, en manos del campesino que vende trigo y con el dinero así obtenido compra vestidos. Desde luego tenemos, pues, que caracterizar las diferencias de forma entre las circulaciones D—M—D y M—D—M. Y así encontraremos también la diferencia de substancia que hay detrás de esas diferencias de forma.
Veamos primero lo que es común á ambas formas.
Ambos movimientos se descomponen en las mismas dos fases opuestas, M—D, venta, y D—M, compra. En cada una de las dos
- ↑ «Con dinero se compran mercancías y con mercancías se compra dinero.» (Mercier de la Riviére, L'ordre naturel et essentiel des sociétés politiques, pág. 543.)