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Página:El Capital (1898).pdf/127

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EL CAPITAL

refluye. El fenómeno mismo del reflujo tiene lugar así que la mercancía comprada es vuelta á vender, es decir, desde que el círculo D—M—D ha sido descrito por completo. Esta es, pues, una diferencia comprobable por los sentidos entre la circulación del dinero como capital y su circulación como simple dinero.

El círculo M—D—M está completo tan pronto como la venta de una mercancía trae dinero que la compra de otra mercancía sustrae en seguida. Si á pesar de eso hay reflujo del dinero á su punto de partida, no es sino por la renovación ó repetición del proceso total. Si vendo en 3 libras esterlinas una cuartilla de trigo y con esas 3 libras compro vestidos, he gastado definitivamente las 3 libras. No tengo nada más que ver con ellas. Son del comerciante en vestidos. Si ahora vendo otra cuartilla de trigo, vuelvo á tener dinero; pero no á consecuencia de la primera transacción, sino á consecuencia de su repetición. El dinero se aleja otra vez de mí, así que termino la segunda transacción, volviendo á comprar. En la circulación M—D—M el gasto del dinero no tiene, pues, nada que ver con su reflujo. En D—M—D, por el contrario, el reflujo del dinero es determinado por la especie misma de su gasto. Sin ese reflujo, la operación ha fallado ó el proceso se ha interrumpido, inconcluso, porque falta su segunda fase, la venta que completa la compra y cierra el ciclo.

El círculo M—D—M tiene por punto inicial una mercancía y por punto final otra mercancía que sale de la circulación y cae en el consumo. El consumo, la satisfacción de necesidades, en una palabra, el valor de uso, es, pues, su objeto final. El círculo D― M—D, por el contrario, tiene el dinero por punto inicial y vuelve á él á su terminación. Su motivo y objeto determinante es, pues, el valor de cambio en sí mismo.

En la circulación simple de las mercancías, ambos extremos tienen la misma forma económica. Ambos son mercancías. Ambos son también mercancías de la misma magnitud de valor. Pero son valores de uso cualitativamente distintos, por ejemplo, trigo y vestidos. El trueque de productos, el cambio de las materias diversas en que se manifiesta el trabajo social, constituye la esencia del movimiento. En la circulación D—M—D es distinto. Á primera vista parece vacía de sentido, porque es tautológica. Ambos extremos tienen la misma forma económica. Ambos son dinero, y, por lo tanto, no son valores de uso cualitativamente diferentes, pues el dinero es precisamente la figura transformada de las mercancías en que se disipan sus valores de uso particulares. Cambiar primero 100 libras esterlinas por algodón, para después volver á cambiar el mismo algodón por otras 100 libras, es decir, indirectamente dinero por dinero, algo por