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Página:El Capital (1898).pdf/128

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CARLOS MARX

algo igual, parece una operación tan absurda como sin objeto[1]. En general, una suma de dinero no se puede distinguir de otra suma de dinero sino por su magnitud. La esencia del proceso D—M—D no se debe, pues, á diferencia alguna cualitativa de sus extremos, pues ambos son dinero, sino solamente á su diferencia cuantitativa. Al fin se saca más dinero de la circulación que el que se arrojó en ella al principio. El algodón comprado en 100 libras esterlinas es revendido, por ejemplo, en 100+10 libras esterlinas, ó 110 libras esterlinas. La forma completa de este proceso es, pues, D—M—D', en que D' = D + ∆D, es decir, igual á la suma originariamente adelantada, más un aumento. Este aumento ó exceso sobre el valor primitivo lo designo—supervalía (surplus value). El valor primitivamente adelantado, no sólo se conserva, pues, en la circulación, sino que varía en ella de magnitud, se agrega una supervalía, ó se valoriza. Y este movimiento lo transforma en capital.

Es posible también que en M—D—M los dos extremos M, M, por ejemplo, el trigo y los vestidos, sean magnitudes de valor cuantitativamente diferentes. El campesino puede vender su trigo por más de su valor, ó comprar los vestidos por menos del suyo. Puede, á su vez, ser presa del comerciante en vestidos. Pero semejante diferencia de valor es puramente accidental en esta forma de circulación. Ella no pierde todo sentido, como el proceso D—M—D, cuando ambos extremos, el trigo y los vestidos, por ejemplo, son equivalentes. La igualdad de su valor es más bien en este caso una condición de la marcha normal.

La repetición ó renovación de la venta para comprar, como el proceso mismo, encuentra medida y objetivo en un fin que está fuera de él, el consumo, la satisfacción de necesidades determinadas. En

  1. «No se cambia dinero por dinero», grita Mercier de la Rivière á los mercantilistas (ob. cit., pág. 468). En una obra que trata ex professo del «comercio» y de la «especulación», se lee: «Todo comercio consiste en el cambio de cosas de distinta especie; y la ventaja [¿para el comerciante?] resulta precisamente de esa diversidad. Cambiar una libra de pan por una libra de pan no ofrecería ventaja alguna... De ahí el ventajoso contraste entre el comercio y el juego, que sólo es un cambio de dinero por dinero.» (Th. Corbet, An Inquiry into the Causes and Modes of the Wealth of Individuals, or the Principles of Trade and Speculation explained, Londres, 1841, pág. 5.) Aunque Corbet no ve que D—D, cambio de dinero por dinero, es la forma de circulación característica, no sólo del capital comercial, sino de todo capital, admite á lo menos que esta forma es común á una especie de comercio, la especulación, y al juego; pero viene después MacCulloch y encuentra que comprar para vender es especular, y suprime así toda diferencia entre la especulación y el comercio. «Toda transacción en que un individuo compra productos para venderlos otra vez, es de hecho una especulación.» (MacCulloch, A Dictionary practical etc. of Commerce, Londres, 1847, pág. 1.058.) Mucho más ingenuo es Pinto, el Píndaro de la Bolsa de Amsterdam: «El comercio es un juego (sentencia tomada de Locke), y no es con mendigos con quienes se puede ganar. Si durante largo tiempo se ganara en todo y con todos, sería necesario devolver voluntariamente la mayor parte de la ganancia para volver a empezar el juego.» (Pinto, Traité de la Circulation et du Crédit, Amsterdam, 1771, pág. 231.)