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Página:El Capital (1898).pdf/130

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CARLOS MARX

Como agente consciente de este movimiento, el poseedor de dinero pasa á ser capitalista. Su persona, ó más bien su bolsillo, es el punto de partida y el punto de retorno del dinero. El contenido objetivo de aquella circulación —la valorización del valor— es su fin subjetivo, y sólo en tanto que la creciente apropiación de la riqueza abstracta es el motivo único de sus operaciones, funciona él como capitalista ó capital personificado, dotado de voluntad y de conciencia. No hay, pues, que ver nunca en el valor de uso el fin inmediato del capitalista[1]. Ni tampoco en la ganancia aislada, sino en el incesante movimiento de la ganancia[2]. Esta tendencia absoluta al enriquecimiento, esta apasionada caza del valor[3], es común al capitalista y al atesorador; pero mientras el atesorador no es sino el capitalista maniático, el capitalista es el atesorador racional. El aumento incesante de valor que busca el atesorador, empeñándose en salvar el dinero de la circulación[4], lo consigue, más hábil, el capitalista entregándolo siempre de nuevo á la circulación[5].

Las formas autónomas, las formas moneda, que el valor de las mercancías toma en la circulación simple, se limitan á mediar en el cam-

    necesario para ellos mismos (el comprador y el vendedor).» Por eso, explica él después, la forma primitiva del comercio de mercancías fué el comercio de trueque; pero con su extensión apareció necesariamente el dinero. Con la invención de la moneda, el trueque tuvo necesariamente que hacerse καπηλικὴ, comercio de mercancías, y éste, en contradicción con su tendencia primitiva, se constituyó en Crematística ó arte de hacer dinero. La Crematística se distingue ahora de la Económica en que «para ella la circulación es la fuente de la riqueza (ποιητικὴ χρημάτων ..... διὰ χρημάτων διαβολῆς). Y ella parece girar alrededor del dinero, pues el dinero es el principio y el fin de esta especie de cambio (τὸ γὰρ νόμισμα στοιχεῖον καὶ πέρας τῆς ὰλλαγῆς ὲστίν). Por eso también, la riqueza que busca la Crematística es ilimitada. Pues como todo arte cuyo fin no es un medio, sino un objetivo último, es ilimitado en su tendencia, porque siempre trata de aproximarse más á él, mientras que las artes que sólo buscan medios para los fines no son ilimitadas, pues su mismo fin les pone límites, la Crematística es ilimitada en sus fines, pues su fin es el enriquecimiento absoluto. La Económica tiene un límite, la Crematística no..... la primera busca algo distinto del dinero mismo, la otra su aumento..... La confusión de ambas formas, que se tocan recíprocamente, induce á algunos á considerar la conservación y el aumento del dinero al infinito como fin último de la Económica.» (Aristóteles, De Rep., ed. Bekker, l. I, c. 8 y 9 passim.)

  1. «Las mercancías (en el sentido de valores de uso) no son el objeto último del capitalista comerciante..... El dinero es su objeto último.» (Th. Chalmers, On Politic. Econ. etc., segunda edición, Londres, 1832, pág. 166.)
  2. «El mercader casi no tiene en cuenta el lucro hecho, sino que mira siempre al futuro.» (A. Genovesi, Lezioni di Economia civile (1765), edición de los economistas italianos, por Custodi, parte moderna, t. VIII, pág. 139.)
  3. «La inextinguible pasión por la ganancia, la auri sacra fames, caracteriza siempre al capitalista.» (Macculloch, The Principles of Polit. Econ., Londres, 1830, página 179.) Esa penetración no impide, naturalmente, que el mismo MacCulloch y sus consortes, en las dificultades teóricas, por ejemplo, al tratar del exceso de producción, hagan del mismo capitalista un buen ciudadano que no se cuida sino del valor de uso y que tiene una verdadera hambre canina de botines, sombreros, huevos, indianas [calicoes, en la República Argentina] y otras especies muy familiares de valores de uso.
  4. «Σώζειν» es una de las expresiones características de los griegos para designar el atesoramiento. «To save» significa también salvar y ahorrar.
  5. «Questo infinito che le cose non hanno in progresso, hanno in giro.» (Galiani.)