bada, y lo mismo que el primer día de su aparición en la escena del mundo, el hombre tiene cada día que consumir antes de producir y mientras produce. Si los productos son producidos como mercancías, tienen que ser vendidos después de producidos, y sólo después de la venta pueden satisfacer las necesidades del productor. Al tiempo de producción se agrega el tiempo necesario para la venta.
Para la transformación del dinero en capital es necesario, pues, que el poseedor de dinero encuentre en el mercado de las mercancías al trabajador libre, libre en el doble sentido de que, como persona libre, dispone de su fuerza de trabajo como de su mercancía, y que, por otra parte, no tiene otras mercancías que vender, está libre y desembarazado de todas las cosas necesarias para la realización de su fuerza de trabajo.
Al poseedor de dinero no le interesa la cuestión de por qué ese trabajador libre se le presenta en la esfera de la circulación, pues él encuentra el mercado del trabajo como una sección especial del mercado de las mercancías. Y, por el momento, á nosotros no nos interesa más que á él. Teóricamente, nos atenemos al hecho, como el poseedor de dinero, prácticamente. Una cosa es clara, sin embargo. La Naturaleza no produce por un lado poseedores de dinero ó de mercancías, y por el otro simples poseedores de las propias fuerzas de trabajo. Esta relación no es de orden natural, ni tampoco es común, en el orden social, á todos los períodos históricos. Ella misma es evidentemente el resultado de un desarrollo histórico previo, el producto de muchas revoluciones económicas, de la destrucción de toda una serie de formaciones más antiguas de la producción social.
También las categorías económicas que antes hemos considerado llevan el sello de la Historia. La existencia del producto como mercancía importa determinadas condiciones históricas. Si ha de ser mercancía, el producto no puede ser producido como medio inmediato de subsistencia para el productor mismo. Si hubiéramos investigado más acerca de las circunstancias bajo las cuales todos ó, al menos, la mayoría de los productos toman la forma de mercancía, habríamos encontrado que eso sólo sucede sobre la base de un modo de producción completamente especial, la producción capitalista. Semejante investigación no entraba, sin embargo, en el análisis de la mercancía. La producción y la circulación de mercancías pueden tener lugar aunque la parte de por mucho mayor de la masa de los productos, destinada inmediatamente al consumo propio, no se transforme en mercancía, y el proceso social de la producción esté, pues, todavía lejos de ser dominado en todo su ancho y profundidad por el valor de cambio. La presentación del producto como mercancía implica una división del trabajo tan desarrollada dentro de la sociedad, que