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Página:El Capital (1898).pdf/146

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CARLOS MARX

cierta cantidad de músculo, nervio, cerebro, etc., que tiene que ser repuesta. Este aumento de gasto exige un aumento de entrada[1]. El propietario de la fuerza de trabajo, después de haber trabajado hoy, tiene que poder repetir mañana el mismo proceso en las mismas condiciones de salud y de fuerza. La suma de los medios de subsistencia tiene, pues, que alcanzar para mantener al individuo que trabaja en su estado de vida normal. Las mismas necesidades naturales, como alimento, vestido, calefacción, habitación, etc., varían según las particularidades climatéricas y demás particularidades naturales de un país. Por otra parte, la extensión de las necesidades llamadas naturales, así como el modo de satisfacerlas, es también un producto histórico, y depende, por lo tanto, en gran parte del grado de civilización de un país, y, entre otras cosas, esencialmente de las condiciones, costumbres y exigencias de vida bajo las cuales se ha formado la clase de los trabajadores libres[2]. Á diferencia de las otras mercancías, la determinación del valor de la fuerza de trabajo comprende, pues, un elemento histórico y moral. Para un país y una época determinados, el monto de los medios necesarios de subsistencia es también determinado, en término medio.

El propietario de la fuerza de trabajo es mortal. Para que su aparición en el mercado sea, pues, continua, como lo exige la continua transformación de dinero en capital, el vendedor de la fuerza de trabajo tiene que eternizarse, «como todo individuo vivo se eterniza, por la reproducción»[3]. Las fuerzas de trabajo que el desgaste y la muerte sustraen al mercado, tienen que ser reemplazadas constantemente, á lo menos por un número igual de nuevas fuerzas de trabajo. La suma de los medios de subsistencia necesarios para la producción de la fuerza de trabajo comprende, pues, los medios de subsistencia para los reemplazantes, es decir, para los hijos del trabajador, á fin de que esta raza de peculiares poseedores de mercancía se eternice en el mercado[4].

Para modificar la naturaleza humana general, de manera que adquiera habilidad y presteza en una rama determinada del trabajo, y pase á ser fuerza de trabajo desarrollada y especial, se requiere una educación, que á su vez cuesta una suma más ó menos grande de

  1. En la antigua Roma, el villicus, ecónomo que estaba á la cabeza de los esclavos agrícolas, recibía por eso «una ración menor que la de los siervos, porque su trabajo era más liviano». (Th. Mommsen, Rœm. Geschichte, 1856, pág. 810.)
  2. Compárese Overpopulation and its Remedy, Londres, 1846, por W. Th. Thornton.
  3. Petty.
  4. «Su precio natural (el del trabajo)..... consiste en una cantidad tal de cosas necesarias y útiles para la vida, como, según la naturaleza del clima y las costumbres del país, son necesarias para sostener al trabajador y permitirle criar bastante familia para que no disminuya en el mercado la oferta de trabajo.» (R. Torrens, An Essay on the external Corn Trade, Londres, 1815, pág. 62.) La palabra trabajo está aquí equivocadamente puesta en lugar de fuerza de trabajo.