Ir al contenido

Página:El Capital (1898).pdf/16

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
10
CARLOS MARX

natural. Este era el límite que la ciencia económica burguesa no podía pasar. Ya en vida de Ricardo, y en oposición á él, apareció la crítica en la persona de Sismondi[1].

El período que sigue, de 1820 á 1830, se distingue en Inglaterra por la actividad científica en el campo de la Economía política. Fué la época de la vulgarización y propagación de la teoría de Ricardo, así como de su lucha con la vieja escuela. Se celebraron brillantes torneos. La obra de aquel tiempo es poco conocida en el continente europeo, porque, en gran parte, la polémica se desparramó en artículos de revista, escritos ocasionales y folletos: El carácter libre de esa polémica se explica por las circunstancias de la época, aunque la teoría de Ricardo servía ya excepcionalmente de arma de ataque contra la Economía burguesa. Por una parte, la gran industria apenas había salido de su infancia, como lo prueba el hecho de que la crisis de 1825 abre el cicio periódico de su vida moderna. La lucha de clases entre el Capital y el Trabajo estaba, por otra parte, relegada á un lugar secundario, en el orden político, por la contienda entre la masa del pueblo, dirigida por la Burguesía, y los Gobiernos y señores feudales, alistados en la Santa Alianza; en el orden económico, por las querellas entre el capital industrial y la aristocracia terrateniente, que en Francia se ocultaban tras del antagonismo entre la pequeña y la gran propiedad territorial, y que en Inglaterra estallaron abiertamente cuando las leyes sobre los cereales. La literatura económica inglesa de esa época recuerda el período de ebullición económica que siguió en Francia á la muerte del Dr. Quesnay; pero sólo como el veranillo de San Martín recuerda la primavera. En 1830 sobrevino la crisis definitiva.

En Francia y en Inglaterra, la Burguesía había conquistado el Poder político. Desde entonces, la lucha de clases adquirió, práctica y teóricamente, formas cada vez más acentuadas y amenazadoras. Ella dió el toque de difuntos por la Economía científica burguesa. Ya no se trató de si este ó aquel teorema era verdadero, sino de si era útil ó perjudicial, cómodo ó incómodo para el Capital, agradable ó no á la policía. Al estudio desinteresado reemplazó la fanfarronada pagada; á la libre investigación científica, la mala conciencia y perversa intención de la apología. Los mismos trataditos con que la Anti-Cornlawleague, dirigida por los fabricantes Cobden y Bright, importunaba al público, ofrecían siempre, si no un interés científico, al menos uno histórico, por su polémica contra la aristocracia territorial. Pero la legislación librecambista de Roberto Peel arrancó este último aguijón á la Economía vulgar.

  1. Véase mi escrito Zur Kritik... etc., pág. 39.