en la hilandería, estuviera el trabajador ocupado en la mina de carbón, el objeto de trabajo, el carbón, existiría naturalmente. Sin embargo, una cantidad determinada de carbón desprendido de su lecho, un quintal, por ejemplo, representa una cantidad determinada de trabajo absorbido.
Al venderse la fuerza de trabajo hemos supuesto que su valor diario = 3 chelines, y que están incorporados en las últimas 6 horas de trabajo; que se requiere, pues, esa cantidad de trabajo para producir la suma media de medios de subsistencia que necesita diariamente el trabajador. Ahora bien; si nuestro hilador transforma durante una hora de trabajo 1⅔ libra de algodón en 1⅔, libra de hilado[1], en 6 horas transformará 10 libras de algodón en 10 libras de hilado. Durante la duración del proceso de hilar absorbe, pues, el algodón 6 horas de trabajo. El mismo tiempo de trabajo está contenido en una cantidad de oro de 3 chelines. Al hilarlo, se agrega, pues, al algodón un valor de 3 chelines.
Veamos ahora el valor total del producto, las 10 libras de hilado. Á ellas están incorporados 2½, días de trabajo, 2 días contenidos en el algodón y en el huso, ½ día de trabajo absorbido durante el proceso de hilar. Una masa de oro de 15 chelines representa el mismo tiempo de trabajo. El precio adecuado al valor de las 10 libras de hilado alcanza, pues, á 15 chelines; el de 1 libra de hilado, á 1 chelín y 6 peniques.
Nuestro capitalista queda perplejo. El valor del producto es igual al valor del capital adelantado. El valor adelantado no se ha valorizado, no ha engendrado supervalía alguna, el dinero no se ha transformado, pues, en capital. El precio de las 10 libras de hilado es 15 chelines, y 15 chelines se dieron en el mercado por los elementos constituyentes del producto, ó, lo que es lo mismo, los factores del proceso de trabajo: 10 chelines por el algodón, 2 chelines por el desgaste de los husos y 3 chelines por la fuerza de trabajo. De nada que la sirve que se infle el valor del hilado, pues su valor no es más y la suma de los valores repartidos antes entre el algodón, los husos y la fuerza de trabajo, y de esa simple adición de valores existentes no puede resultar jamás una supervalía[2]. Estos valores están ahora con-
- ↑ Estos números son completamente arbitrarios.
- ↑ Esta es la proposición fundamental en que descansa la doctrina de los fisiócratas de la improductividad de todos los trabajos no agrícolas, y ella es irrefutable para los economistas titulados. «Esta manera de imputar á una cosa el valor de varias otras (por ejemplo, al lino el consumo del tejedor), de aplicar, por decirlo así, capa sobre capa, varios valores sobre uno solo, hace que éste crezca otro tanto...... La palabra adición pinta muy bien el modo como se forma el precio de las obras de mano de obra; ese precio no es más que un total de varios valores consumidos y adicionados juntos. Ahora bien; adicionar no es multiplicar.» (Mercier de la Riviére, ob. cit., pág. 599.)