Ir al contenido

Página:El Capital (1898).pdf/164

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
158
CARLOS MARX

centrados todos en una cosa; pero así estaban en la suma de 15 chelines, antes de que ésta se repartiera en tres compras de mercancías.

En sí mismo, este resultado no es extraño. El valor de 1 libra de hilado es 1 chelín y 6 peniques, y por 10 libras de hilado tendría, pues, nuestro capitalista que pagar 15 chelines en el mercado. Que él se compre una casa hecha, ó que la haga edificar, ninguna de estas operaciones aumentará el dinero empleado en la adquisición de la casa.

El capitalista, que sabe al dedillo su economía vulgar, dirá quizá que ha adelantado su dinero con la intención de hacer de él más dinero. Pero el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones, y él pudo lo mismo tener la intención de hacer dinero sin producir[1]. Él amenaza. No se le volverá á agarrar. En adelante comprará en el mercado las mercancías ya fabricadas, en lugar de fabricarlas él mismo. Pero si todos sus hermanos capitalistas hacen igual, ¿cómo encontrar mercancías en el mercado? Y no puede comer dinero. Se pone á predicar. Se debería tomar en cuenta su abstinencia. Él podía despilfarrar sus 15 chelines. En lugar de eso, los ha consumido productivamente, haciéndolos hilados. Pero por eso tiene hilados en lugar de remordimientos. Tiene que cuidarse de caer en el papel del atesorador, que nos ha mostrado lo que resulta del ascetismo. Por lo demás, donde no hay nada, el rey pierde sus derechos. Cualquiera que sea el mérito de su abstinencia, no hay nada para pagársela extra, porque el valor del producto que resulta del proceso no es sino igual á la suma de los valores-mercancías que entran en éste. Que se consuele, pues, con que la virtud es su propio premio. En lugar de esto, se hace importuno. El hilado á él no le sirve. Lo ha producido para la venta. Que lo venda, pues, ó, lo que es más sencillo, que en el porvenir no produzca sino cosas para su propio consumo, receta que ya le ha sido prescrita como remedio probado contra la epidemia de la sobreproducción por MacCulloch, su médico de casa. Altanero, él se encabrita. ¿Acaso el obrero, con sus propios miembros, ha podido crear en el aire formaciones de trabajo, producir mercancías? ¿No le dió él la materia, sólo con la cual y en la cual ha podido el obrero dar cuerpo á su trabajo? Puesto que mayor parte de la sociedad se compone de pobres diablos semejantes, ¿no ha prestado él, con sus medios de producción, su algodón y su huso, un inmenso servicio á la sociedad y al trabajador mismo, á quien, además, ha provisto de medios de subsistencia? ¿Y no habría

  1. Así, por ejemplo, de 1844 á 1847 él sustrajo una parte de su capital del negocio productivo para especular en acciones de ferrocarril. Asi, en tiempo de la guerra civil americana, cerró él la fábrica y echó á la calle á los obreros, para jugar en la Bolsa del algodón de Liverpool.