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Página:El Capital (1898).pdf/165

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EL CAPITAL

que de contar el servicio? ¿Pero no le ha prestado, en cambio, el obrero el servicio de transformar en hilado su algodón y su huso? Por lo demás, aquí no se trata de servicios[1]. Un servicio no es nada más el efecto útil de un valor de uso, sea mercancía, sea trabajo[2]. Pero aquí se trata del valor de cambio. Él pagó al obrero el valor de 3 chelines. El obrero le devolvió un equivalente exacto en el valor de 3 chelines agregado al algodón, valor por valor. Nuestro amigo, tan presuntuoso recientemente de su capital, asume de repente la modesta actitud de su propio obrero. ¿No ha trabajado él también? ¿No ha efectuado el trabajo de vigilancia y de inspección sobre el hilador? ¿No forma también valor ese trabajo suyo? Sus propios inspector y gerente alzan los hombros. Entretanto, sonriéndose alegremente, él ha vuelto á tomar ya otra vez su fisonomía de antes. Nos ha mixtificado con su letanía. Por todo ello él no daría un céntimo. Deja esos malos subterfugios y huecas sutilezas para los profesores de Economía política, pagados al efecto. Él es un hombre práctico, que si no siempre piensa lo que dice fuera del negocio, siempre sabe lo que hace en el negocio.

Veamos esto más de cerca. El valor diario de la fuerza de trabajo importaba 3 chelines, porque en ella está materializado medio día de trabajo, es decir, porque los medios de subsistencia diariamente necesarios para la producción de la fuerza de trabajo cuestan medio día de trabajo. Pero el trabajo pasado, oculto en la fuerza de trabajo, y el trabajo vivo que ella puede ejecutar, su costo diario de entretenimiento y su gasto diario, son dos magnitudes completamente distintas. La primera determina su valor de cambio; la otra constituye su valor de uso. Que sea necesario medio día de trabajo para su subsistencia de 24 horas, no impide absolutamente al obrero trabajar todo un día. El valor de la fuerza de trabajo y su valorización en el proceso de trabajo son, pues, dos magnitudes distintas. Al comprar la fuerza de trabajo, el capitalista tenía en cuenta esta diferencia de valor. Su propiedad útil, de hacer hilado ó botines, no era sino una conditio

  1. «Deja alabar, adornar y engalanar... Pero quien toma más ó mejor (que lo que da), eso es usura, y no se llama servicio, sino daño hecho á su prójimo, como al robar y saquear. No es servicio y bien para el prójimo todo lo que se llama así. Pues una mujer adúltera y su amante se hacen reciprocamente un gran servicio y placer. Un caballero presta un gran servicio á un asesino é incendiario ayudándole como caballero á robar en los caminos, y á despojar el país y las personas. Los papistas nos hacen gran servicio en que á todos no nos ahogan, queman, asesinan ó nos hacen podrir en las cárceles, sino que dejan vivir algunos, y los expulsan, ó les quitan lo que tienen. El mismo diablo presta un grande é inmenso servicio á los que le sirven..... En suma, el mundo está lleno de grandes, excelentes y cotidianos servicios y beneficios.» (Martin Lutero, An die Pfarherm, wider den Wucher zu predigen, etc., Wittenberg, 1540.)
  2. Al respecto hago notar en Zur Kritik der Pol. Œk., pág. 14, entre otras cosas: «Se comprende qué «servicio» tiene que prestar la categoría «servicio» á una clase de economistas como J.—B. Say y F. Bastiat.»