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Página:El Capital (1898).pdf/168

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CARLOS MARX

la producción del valor de uso es el socialmente necesario. Esto importa varias cosas. La fuerza de trabajo tiene que funcionar en las condiciones normales. Si en la hiladura el medio de trabajo dominante en la sociedad es la máquina de hilar, no se puede dar un torno al trabajador. No se puede tampoco darle desechos que á cada momento se rompan, en lugar de algodón de calidad normal. En ambos casos emplearía él más del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una libra de hilado, y ese exceso de tiempo no formaría valor ó dinero. Pero el carácter normal de los factores materiales del trabajo no depende del trabajador, sino del capitalista. Otra condición es el carácter normal de la fuerza de trabajo misma. Ésta tiene que poseer el término medio de habilidad, destreza y celeridad dominante en el ramo en que es empleada. Pero nuestro capitalista compró en el mercado de trabajo fuerza de trabajo de calidad normal. Esta fuerza tiene que ser gastada en el término medio ordinario de tensión, con el grado de intensidad socialmente usual. De esto cuida el capitalista con tanta ansiedad como de que no se pierda tiempo alguno sin trabajar. Ha comprado la fuerza de trabajo por un espacio de tiempo determinado, y quiere recibir lo que le pertenece. No quiere ser robado. Finalmente —y para esto tiene el mismo señor su propio code pénal—, no debe hacerse ningún consumo inútil de materia prima y medios de trabajo, porque el material ó el medio de trabajo desperdiciados son cantidades de trabajo materializado superfluamente gastadas, que, por lo tanto, no se cuentan ni entran en el producto de la formación de valor[1].

  1. Esta es una de las circunstancias que encarecen la producción basada en la esclavitud. En ella, según la gráfica expresión de los antiguos, el trabajador no se distinguiría sino como instrumentum vocale del animal, instrumentum semivocale, y la herramienta inanimada, instrumentum mutum. Pero él hace sentir al animal y la herramienta, que no es su igual, sino un hombre. Para hacerse sentir él mismo lo que le distingue de ellos, los maltrata y los destruye con amore. En ese modo de producción rige, pues, como principio económico el de no emplear sino los instrumentos de trabajo más toscos y pesados; pero que por su misma grosera solidez es más difícil deteriorar. Por eso, hasta que estalló la guerra civil, en los Estados esclavistas del golfo de Méjico había arados de la antigua forma china, que hozaban el suelo como un cerdo ó un topo, pero no le hendían ni le daban vuelta. Compárese J. C. Cairns, The Slave Power, Londres, 1862, pág. 46 y sig. En su obra Sea Bord Slave States dice, entre otras cosas, Olmsted: «Me muestran aquí herramientas que entre nosotros ningún hombre en su juicio permitiría entregar á un trabajador á quien pagara salario, y cuyos excesivos peso y tosquedad me parece que harían el trabajo por lo menos un 10 por 100 mayor que con las usadas ordinariamente entre nosotros. Y se me asegura que tan descuidado y grosero es el modo como las usan los esclavos, que no se podría darles con buena economía nada más liviano y menos tosco, y que herramientas como las que damos constantemente á nuestros trabajadores, encontrando en ello nuestro provecho, no durarían un día en un campo de Virginia, aunque son mucho más livianos y más limpios de piedras que los nuestros. Así, también, cuando pregunto por qué las mulas reemplazan tan universalmente á los caballos en la hacienda, la primera razón que se me da, y declaradamente la más concluyente, es que los caballos no pueden soportar el tratamiento á que los someten siempre los negros; en manos de éstos, los caballos están pronto