Se ve que la diferencia que, al analizar la mercancía, encontramos entre el trabajo como creador de valor de uso y el mismo trabajo como creador de valor, se ha manifestado ahora como diferencia de los varios lados del proceso de producción.
Como unión de proceso de trabajo y proceso de formación de valor, el proceso de producción es proceso de producción de mercancías; como unión de proceso de trabajo y proceso de valorización es proceso capitalista de producción, forma capitalista de la producción de mercancías.
Se ha notado antes que para el proceso de valorización es completamente indiferente que el trabajo apropiado por el capitalista sea trabajo simple, trabajo social medio ó trabajo complicado, de más alto peso específico. El trabajo que, frente al trabajo social medio, figura como más alto y complicado, es la exteriorización de una fuerza de trabajo en que entran costos más altos de educación, cuya producción cuesta más tiempo de trabajo, y que tiene, por lo tanto, un valor más alto que la fuerza simple de trabajo. Como el valor de esta fuerza es más alto, ella se manifiesta en un trabajo más elevado y, en los mismos espacios de tiempo, se materializa, por lo tanto, en valores relativamente más elevados. Cualquiera que sea, sin embargo, la diferencia de grado entre el trabajo del hilador y el del joyero, la porción de trabajo por medio de la cual el joyero reemplaza sólo el valor de su propia fuerza de trabajo, no se distingue cualitativamente, en manera alguna, de la porción adicional de trabajo por medio de la cual crea supervalía. Como antes, la supervalía no proviene sino de un exceso cuantitativo de trabajo, de la duración prolongada del mismo proceso de trabajo: en un caso, proceso de la producción de hilado; en el otro, proceso de la producción de joyas[1].
- ↑ La diferencia entre trabajo complejo y trabajo simple, skilled y unskilled labour, reposa en parte sobre simples ilusiones ó, á lo menos, sobre diferencias que hace tiempo han cesado de ser reales y no subsisten sino como una convención tradicional, y en parte sobre la indigencia de ciertas capas de la clase trabajadora, que no les permite exigir, como otras, el valor de su fuerza de trabajo. Circunstancias accidentales desempeñan también tan gran papel, que las mismas especies de trabajo cambian alternativamente de lugar. Por ejemplo, donde la substancia física de la clase trabajadora está debilitada y relativamente agotada, como en todos los países de avanzada producción capitalista, los trabajos brutales, que exigen mucha fuerza muscular, se ponen por encima de trabajos mucho más finos, que descienden á la categoría de trabajo simple. En Inglaterra, por ejemplo, el trabajo del bricklayer (albañil) ocupa un lugar mucho más alto que el del tejedor de damasco. Entretanto, el trabajo del fustian cutter (cortador de fustán) figura como trabajo «sim-
despeados ó estropeados, mientras que las mulas sufren palizas, ó se quedan sin comer de cuando en cuando, sin gran daño, y no se resfrian ni enferman, si las descuidan ó las recargan de trabajo. Pero no necesito ir más allá de la ventana del cuarto en que estoy escribiendo, para ver, casi á cada momento, tratar los animales de un modo que motivaría el inmediato despido del conductor casi por cualquier agricultor del Norte que fuera su dueño.»