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Página:El Capital (1898).pdf/17

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EL CAPITAL

La revolución continental de 1848-49 repercutió también en Inglaterra. Los hombres que tenían todavía pretensiones científicas y querían ser algo más que simples sofistas y sicofantes de las clases dominadoras, trataron de poner la Economía política del Capital al unísono con las reclamaciones del Proletariado, que ya no era posible desoir. De ahí el insulso Eclecticismo, del que John Stuart Mill es el mejor representante. Es la declaración de quiebra de la Economía «burguesa», que el gran sabio y crítico ruso N. Tschernyschewsky ha explicado ya de una manera maestra en su obra Elementos de Economia politica, según Mill.

La producción capitalista llegó, pues, en Alemania á su madurez después que su carácter antagónico se hubo manifestado en Francia y en Inglaterra en ruidosas luchas históricas, y cuando el proletariado alemán tenía ya una conciencia teórica de clase mucho más clara que la burguesía alemana. Así que en este país una ciencia burguesa de la Economía política empezó á parecer posible, por las circunstancias indicadas volvió otra vez á ser imposible.

Entonces sus corifeos se dividieron en dos grupos: los unos, prudentes, ambiciosos, prácticos, siguieron la bandera de Bastiat, el más superficial y, por eso mismo, el más famoso representante de la vulgar apología económica; los otros, ufanos de la dignidad profesional de su ciencia, siguieron á J. St. Mill en su tentativa de conciliar lo inconciliable. Como en la época clásica de la Economía burguesa, en su decadencia los alemanes tampoco fueron más que discípulos, repetidores y copistas, agentes por menor de las grandes Casas extranjeras.

El peculiar desarrollo histórico de la sociedad alemana impidió, pues, en ella todo cultivo original de la Economía «burguesa», pero no de su crítica. En tanto que esta crítica representa á una clase, ella sólo puede representar á la clase que tiene por misión histórica la revolución de la producción capitalista y la definitiva abolición de las clases, el Proletariado.


Los corifeos sabios é ignorantes de la burguesía alemana trataron primero de hacer alrededor de El Capital un silencio de muerte, como lo habían conseguido con mis anteriores escritos. Pero cuando esa táctica no correspondió más á las circunstancias de la época, bajo el pretexto de criticar mi libro, se han puesto á escribir indicaciones «para tranquilizar la conciencia burguesa», sólo que han encontrado en la prensa obrera —véanse, por ejemplo, los artículos de José Dietzgen en el Volksstaat—superiores campeones, á quienes todavía deben la respuesta[1].

  1. Los disparatados escribidores de la Economía vulgar alemana reprueban el