ción aparece, pues, de nuevo en el valor del producto, pero, hablando con precisión, no es reproducido. Lo que se produce es el nuevo valor de uso, en que reaparece el antiguo valor de cambio[1].
Con el factor subjetivo del proceso de trabajo, la fuerza de trabajo en actividad, pasa otra cosa. Mientras el trabajo, por su forma adecuada, transporta al producto y en él conserva el valor de los medios de producción, en cada momento de su movimiento forma valor adicional, nuevo valor. Supongamos que el proceso de trabajo se interrumpa en el momento en que el trabajador ha producido el equivalente del valor de su propia fuerza de trabajo, y en un trabajo de 6 horas, por ejemplo, ha agregado un valor de 3 chelines. Este valor constituye el exceso del valor del producto sobre los componentes que debe al valor de los medios de producción. Es el único valor original formado dentro de ese proceso, la única parte del valor del producto, que ha sido producida por el proceso mismo. Por lo demás, ella no hace más que reemplazar el dinero adelantado por el capitalista al comprar la fuerza de trabajo, y gastado por el trabajador en medios de subsistencia. Respecto de los 3 chelines gastados, el nuevo valor de 3 chelines aparece sólo como su reproducción. Pero ese valor ha sido reproducido realmente, no sólo aparentemente, como el valor de los medios de producción. El reemplazo de un valor por otro se hace aquí mediante una nueva creación de valor.
Sabemos ya, sin embargo, que el proceso de trabajo se prolonga más allá del punto en que se ha reproducido y agregado al objeto de trabajo simplemente el equivalente del valor de la fuerza de trabajo. En lugar de las 6 horas que bastan para esto, el proceso dura, por ejemplo, 12 horas. La fuerza de trabajo en acción, no sólo reproduce, pues, su propio valor, sino que produce un valor excedente. Esta supervalía constituye el exceso del valor del producto sobre el valor de los elementos gastados en la formación del producto, es decir, de los medios de producción y la fuerza de trabajo.
- ↑ En un compendio norteamericano, que quizá ha tenido ya veinte ediciones, se lee: «No importa en qué forma reaparece el capital.» Después de una prolija enumeración de todos los ingredientes posibles de la producción cuyo valor reaparece en el producto, dice por fin: «Las diversas clases de alimento, vestido y habitación, necesarias para la existencia y comodidad del sér humano, se transforman, pues. Son consumidas de tiempo en tiempo, y su valor reaparece en el nuevo vigor comunicado á su cuerpo y á su mente, formando nuevo capital, para ser empleado otra vez en el trabajo de la producción.» (F. Weyland, ob. cit., págs. 31-32.) Prescindiendo de todas las otras maravillas, no es, por ejemplo, el precio del pan lo que reaparece en la fuerza renovada, sino sus substancias formadoras de sangre. Lo que, por el contrario, reaparece como valor de la fuerza, no son los medios de subsistencia, sino su valor. Los mismos medios de subsistencia, cuando no cuestan sino la mitad, producen exactamente tanto músculo, hueso, etc., en una palabra, la misma fuerza, pero no fuerza del mismo valor. Esta transformación de «valor» en fuerza», y toda esa oscuridad farisaica, ocultan la tentativa, vana por lo demás, de conseguir una supervalía por la simple reaparición de valores adelantados.