En la primavera de 1872 apareció en San Petersburgo una excelente traducción rusa de El Capital. La edición de 3.000 ejemplares está ya casi agotada. En 1871, el Sr. N. Sieber, profesor de Economía política en la Universidad de Kieff, había ya demostrado en su obra La Teoria de D. Ricardo sobre el Valor y el Capital que mi teoría del valor, de la moneda y del Capital es, en sus rasgos fundamentales, el resultado necesario del desarrollo de la doctrina de Smith-Ricardo. Lo que sorprende al europeo del Occidente al leer ese sólido libro es la firmeza con que se mantiene en el terreno puramente teórico.
El método seguido en El Capital. ha sido poco comprendido, como lo prueban las apreciaciones contradictorias acerca del mismo.
La Revue Positiviste, de París, me reprocha, por una parte, que trato de la Economía de una manera metafísica y, por otra —¡adivínese!—que me limito á la simple disección de lo existente, en lugar de prescribir recetas (¿comtistas?) para la cocina del porvenir. Cuanto al reproche de metafísica, observa el profesor Sieber: «En lo que se refiere á la teoría propiamente dicha, el método de Marx es el método deductivo de toda la escuela inglesa, cuyos defectos y ventajas son comunes á los mejores economistas teóricos.» El señor M. Block —Les Théoriciens du Socialisme en Allemagne (extracto del Journal des Economistes, julio y agosto de 1872)— descubre que mi método es analítico y dice, entre otras cosas: «Par cette ouvrage, M. Marx se classe parmi les esprits analytiques les plus éminents.» Los extractores alemanes hablan, naturalmente, de sofistería hegeliana. En un artículo que trata exclusivamente del método de El Capital, El Mensajero Europeo, de San Petersburgo (número de mayo de 1872, págs. 427-36), encuentra que mi método de investigación es estrictamente realista, pero que mi método de exposición es desgraciadamente el de la dialéctica alemana. Dice: «Á primera vista, si se juzga por la forma exterior de la exposición, Marx es el más grande idealista, en el sentido alemán, es decir, en
estilo y la exposición de mi obra. Nadie puede juzgar con más severidad que yo mismo las faltas literarias de El Capital. Quiero, sin embargo, para provecho y contento de esos señores y de su público, citar aquí un juicio inglés y otro ruso. La Saturday Review, completamente contraria á mis opiniones, decía al anunciar la primera edición alemana: «La exposición da, aun á las más secas cuestiones económicas, un peculiar encanto (charm).» El Diario de San Petersburgo observa en su número del 20 de abril de 1872: «Con excepción de algunas partes demasiado especiales, la exposición se distingue por su claridad, por estar al alcance general y, á pesar de la elevación científica del asunto, por su poco común vivacidad. A este respecto, el autor no se parece..... ni de lejos, á la mayoría de los sabios alemanes, que..... escriben sus libros en un lenguaje tan obscuro y tan seco, como para romper la cabeza al vulgo de los mortales.» Lo que se les rompe á los lectores de la literatura que actualmente producen en Alemania los profesores nacionales liberales es, sin embargo, algo muy distinto de la cabeza.