poder reemplazarse y ser valores de cambio iguales entre sí. De donde resulta: 1.º, que los valores de cambio de una mercancía expresan una igualdad, y 2.º, que el valor de cambio en general sólo puede ser el modo de expresión, la forma de aparición de un contenido distinto de él.
Tomemos ahora dos mercancías; por ejemplo, trigo y hierro. Cualquiera que sea su relación de cambio, se la puede siempre representar por una ecuación, en la cual una determinada cantidad de trigo es considerada igual á cierta cantidad de hierro, por ejemplo: 1 cuartilla de trigo = a kilogramos de hierro. ¿Qué significa esta ecuación? Que algo común de la misma magnitud existe en dos cosas diferentes, en 1 cuartilla de trigo y también en a kilogramos de hierro. Ambas son, pues, iguales á una tercera que, por sí misma, no es ni la una ni la otra. Cada una de las dos, en tanto que es valor de cambio, tiene, pues, que ser reducible á esa tercera.
Un sencillo ejemplo geométrico lo hará comprender. Para determinar y comparar la superficie de todas las figuras rectilíneas, se las descompone en triángulos. El triángulo es, á su vez, reducido á una expresión completamente distinta de su figura visible: la mitad del producto de su base por su altura. Así, los valores de cambio de las mercancías deben ser reducidos á algo que les es común, de lo cual representan una cantidad más ó menos grande.
Ese algo que les es común no puede ser una propiedad geométrica, física, química, ni otra propiedad natural alguna de las mercancías. En general, sus propiedades corporales sólo entran en cuenta en tanto que les dan utilidad y las hacen valores de uso. Mas, por otra parte, la relación de cambio de las mercancías está evidentemente caracterizada por la abstracción de sus valores de uso. En esta relación, un valor de uso vale exactamente tanto como cualquiera otro, si está en la conveniente proporción. Ó como dice el viejo Barbon: «Una especie de mercancía es tan buena como otra, si su valor de cambio es igual. No existe diferencia ni distinción posible entre cosas de igual valor de cambio.»[1] Como valores de uso, las mercancías son, ante todo, de distinta cualidad; como valores de cambio, sólo pueden diferir en cantidad, y no contienen ni un átomo de valor de uso.
Ahora bien; si se prescinde del valor de uso de las mercancías, sólo les queda una propiedad, la de ser productos del trabajo. Pero el producto del trabajo ya se nos ha transformado también en las
- ↑ «Una especie de mercancía es tan buena como otra, si el valor es igual. No hay diferencia ni distinción entre cosas de igual valor..... Cien libras esterlinas en plomo ó hierro valen tanto como cien libras esterlinas en plata ú oro.» (N. Barbon, ob. cit., págs. 53 y 7.)