manos. Si hacemos abstracción de su valor de uso, hacemos también abstracción de los componentes corporales y de las formas que le dan ese valor de uso. Ya no es más una mesa, ó una casa, ó hilo, ú otra cosa útil cualquiera. Todas sus cualidades sensibles se han desvanecido. Ya no es más, tampoco, el producto del trabajo de carpintería, ó de albañilería, ó de hilandería ó de otro trabajo productivo determinado. Con el carácter útil de los productos del trabajo desaparece el carácter útil de los trabajos representados por ellos, así como las diversas formas concretas de esos trabajos; ya no se distinguen, todos se reducen á trabajo humano igual, á trabajo humano abstracto.
Consideremos ahora el residuo de los productos del trabajo. De ellos no ha quedado nada más que un mismo fantasma de objetividad, una pulpa de trabajo humano indistinto, es decir, el gasto de fuerza humana de trabajo, sin consideración á la forma de ese gasto. Esas cosas sólo dicen que en su producción se ha gastado fuerza humana de trabajo, se ha amontonado trabajo humano. Como cristales de esta substancia social que les es común, ellas son valores.
En la relación de cambio de las mercancías hemos visto que su valor de cambio es algo completamente independiente de su valor de uso. Haciendo abstracción del valor de uso de los productos del trabajo, se obtiene su valor, como acaba de determinarse. Lo común á todas las mercancías, que se manifiesta en la relación de cambio ó valor de cambio, es, pues, su valor. La investigación ulterior nos conducirá de nuevo al valor de cambio como la expresión ó forma de aparición necesaria del valor, al que, sin embargo, hay que considerar primero independientemente de esa forma.
Un valor de uso sólo tiene, pues, valor porque hay trabajo humano abstracto hecho cosa ó materializado en él. ¿Cómo medir ahora la magnitud de su valor? Por la cantidad de la «substancia constituyente del valor», del trabajo en él contenida. La cantidad de trabajo se mide, á su vez, por su duración, y el tiempo de trabajo tiene su escala de fracciones de tiempo determinadas, como hora, día, etc.
Podría parecer que, si el valor de una mercancía es determinado por la cantidad de trabajo gastado en su producción, cuanto más perezoso ó inhábil fuera un hombre, tanto más valiosa sería su mercancía, porque tanto más tiempo necesitaría él para elaborarla. Pero el trabajo que constituye la substancia de los valores es trabajo humano igual, gasto de la misma fuerza humana de trabajo. La fuerza de trabajo de la sociedad entera, que se manifiesta en el conjunto de los valores de las mercancías, vale como una misma fuerza humana de trabajo, aunque consiste en innumerables fuerzas individuales de trabajo. Cada una de estas fuerzas individuales de trabajo es igual á