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Página:El Capital (1898).pdf/35

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EL CAPITAL

Pasemos ahora de la mercancía como objeto de uso á la mercancía como valor.

Hemos supuesto que el vestido tiene un valor doble que la tela. Pero esta no es más que una diferencia cuantitativa que por lo pronto no nos interesa. Nos recuerda que si el valor de un vestido es doble del de 10 metros de tela, 20 metros de tela valen tanto como un vestido. Como valores, el vestido y la tela son cosas de la misma substancia, expresiones objetivas de un trabajo igual. Pero el trabajo del sastre y el del tejedor son cualitativamente diferentes. Hay, sin embargo, estados sociales en los cuales la misma persona hace alternativamente de sastre y de tejedor, y en que, por consiguiente, estos dos diversos modos de trabajar sólo son modificaciones del trabajo del mismo individuo, y aun no funciones especiales y fijas de individuos distintos, exactamente como el vestido que nuestro sastre hace hoy y el pantalón que hará mañana, son simples variaciones del mismo trabajo individual. Notamos además á primera vista que en nuestra sociedad capitalista, según las oscilaciones de la demanda de trabajo, cierta cantidad de trabajo humano se ofrece alternativamente como trabajo de sastre ó como trabajo de tejedor. Este cambio de forma del trabajo no se hace sin desperdicio, pero tiene que hacerse. Prescindiendo del carácter determinado y útil del trabajo, éste es siempre un gasto de fuerza humana. Hacer vestidos y tejer, aunque son actividades productivas cualitativamente distintas, son ambas un gasto productivo de cerebro, músculos, nervios, manos, etcétera, humanos, y en este sentido son ambas trabajo humano. Son sólo dos formas distintas de gastar la fuerza humana de trabajo. Para ser gastada en tal ó cual forma, la fuerza humana de trabajo tiene que estar más ó menos desarrollada. Pero el valor de la mercancía expresa simplemente trabajo humano, gasto de trabajo humano en general. Ahora bien; así como en la sociedad burguesa un general ó un banquero desempeñan un gran papel, y el simple hombre, por el contrario, uno muy mezquino[1], así sucede también con el trabajo humano. Es un gasto de la fuerza simple de trabajo que todo hombre ordinario, sin desarrollo especial, posee en su organismo corporal. El trabajo medio simple varía de carácter en los diversos países y épocas, pero es siempre determinado en una sociedad dada. El trabajo más complicado no es sino una potencia del trabajo simple ó, más bien, trabajo simple multiplicado, de manera que una pequeña cantidad de trabajo complicado es igual á una cantidad mayor de trabajo simple. La experiencia nos enseña que esa reducción se hace continuamente. Por complicado que sea el trabajo que

  1. Compárese Hegel, Philosophie des Rechts, Berlín, 1840, pág. 250, § 190.