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Página:El Capital (1898).pdf/38

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CARLOS MARX

III.—Forma del valor o valor de cambio.

Las mercancías vienen al mundo en forma de valores de uso ó cuerpos-mercancías, como hierro, tela, trigo, etc. Esta es su prosaica forma natural. Sin embargo, sólo son mercancías porque son dobles: objetos de uso y al mismo tiempo portadores de valor. Sólo se presentan, pues, como mercancías ó poseen la forma de mercancías en tanto que tienen una doble forma: forma natural y forma de valor.

La objetividad del valor de las mercancías se distingue de la viuda Hurtig en que no se sabe dónde encontrarla. En directo contraste con la grosera objetividad sensible del cuerpo de las mercancías, no hay ni un átomo de materia en la objetividad de su valor. Por más que se vuelva y revuelva una mercancía, no se la comprende como cosa de valor. Si recordamos, sin embargo, que las mercancías sólo poseen objetividad de valor como expresiones de la misma unidad social, trabajo humano, y que la objetividad de su valor es, por lo tanto, puramente social, comprenderemos también que esa objetividad sólo aparezca en la relación social de mercancía con mercancía. Nuestro punto de partida ha sido, en realidad, el valor de cambio ó la relación de cambio de las mercancías, para llegar al valor, escondido en ella. Ahora tenemos que volver á esta forma de aparición del valor.

Todo el mundo sabe, aunque no sepa nada más, que las mercancías poseen una forma común de valor, que hace el más notable contraste con las variadas formas naturales de sus valores de uso: la forma moneda. Se trata ahora de hacer lo que la Economía burguesa no ha ensayado jamás: demostrar el génesis de esta forma moneda,

    su libertad y de su felicidad.» (Wealth of Nations, L. I, cap. V.) A. Smith confunde aquí (no en todas partes) la determinación del valor por la cantidad de trabajo gastada en la producción de la mercancía con la determinación del valor de las mercancías por el valor del trabajo, y trata por eso de demostrar que cantidades iguales de trabajo tienen siempre el mismo valor. Por otra parte, él sospecha que el trabajo, en tanto que representa el valor de las mercancías, sólo es contado como gasto de fuerza de trabajo; pero concibe este gasto sólo como un sacrificio de reposo, libertad y felicidad, y no al mismo tiempo como actividad normal de la vida. Es cierto que él tiene á la vista al trabajador asalariado moderno.—El predecesor anónimo de A. Smith, citado en la nota 1 de la pág. 25, dice mucho más exactamente: «Un hombre se ha ocupado durante una semana en producir esta cosa necesaria á la vida..... y quien le da alguna otra en cambio no puede estimar mejor lo que es su apropiado equivalente que calculando lo que le cuesta á él exactamente igual labor y tiempo: lo que, en efecto, no es más que cambiar la labor de un hombre en una cosa durante cierto tiempo, por la labor de otro hombre en otra cosa durante el mismo tiempo.» (Ob. cit., pág. 39.)

    Nota de la cuarta edición.—[La lengua inglesa tiene la ventaja de poseer dos palabras distintas para estos dos diversos aspectos del trabajo. El trabajo, cualitativamente determinado, que crea valor de uso, se llama work, en oposición á labour; el trabajo que crea valor, y sólo se mide cuantitativamente, se llama labour, en oposición á work. Véase la nota de la traducción inglesa, pág. 14. F. E.]