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Página:El Capital (1898).pdf/41

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EL CAPITAL

mentos químicos: carbono (C), hidrógeno (H) y oxígeno (O), y en la misma proporción de C4H8O2. Si se igualara ahora el formiato de propilo al ácido butírico en una ecuación, el formiato de propilo figuraría en ella, primero, simplemente como forma de existencia de C4H8O2, y en segundo lugar significaría que también el ácido butírico se compone de C4H8O2. La ecuación del formiato de propilo y del ácido butírico expresaría, pues, la substancia química de éste como diferente de su forma corporal.

Al decir: como valores, todas las mercancías son simples pulpas de trabajo humano, nuestro análisis las reduce á la abstracción valor, sin darles forma alguna de valor, distinta de sus formas naturales. Sucede de otro modo en la relación de valor de una mercancía con otra. Su carácter de valor resalta aquí por su propia referencia á la otra mercancía.

Al igualar como cosa de valor, por ejemplo, el vestido á la tela, se iguala el trabajo contenido en el primero al trabajo contenido en la segunda. Hacer el vestido es, por cierto, un trabajo concreto distinto del de tejer la tela. Pero al igualarse al tejido el trabajo de sastrería, queda reducido de hecho á lo realmente igual en ambos trabajos: á su carácter común de trabajo humano. Es un modo indirecto de decir que también el tejido, en tanto que teje valor, no se distingue en nada del trabajo del sastre; es decir, es trabajo humano abstracto. Sólo la expresión de equivalencia de mercancías distintas hace aparecer el carácter específico del trabajo creador de valor, reduciendo de hecho los distintos trabajos contenidos en las distintas mercancías á lo que les es común: á trabajo humano en general[1].

No basta, sin embargo, expresar el carácter específico del trabajo en que consiste el valor de la tela. La fuerza de trabajo humana en estado líquido, ó trabajo humano, crea valor, pero no es valor. Se hace valor en estado de coagulación en la forma de cosa. Para expresar el valor de la tela como masa amorfa de trabajo humano, hay que expresarlo como una «objetividad» realmente distinta de la tela, y que le es común con otra mercancía. El problema ya está resuelto.

  1. Nota de la segunda edición.— Uno de los primeros economistas que, después de William Petty, ha estudiado la naturaleza del valor, el célebre Franklin, dice: «Como el comercio en general no es más que el cambio de un trabajo por otro, en trabajo es como mejor se aprecia el valor de todas las cosas.» (The Works of B. Franklin, etc., edited by Sparks, Boston, 1836, vol. II, pág. 267.) Franklin no se da cuenta de que al apreciar «en trabajo» el valor de todas las cosas hace abstracción de la diversidad de los trabajos cambiados, y los reduce así á trabajo humano igual. Pero lo que él no sabe, lo dice. Primero habla de «un trabajo», después «del otro trabajo» y al último de «trabajo» sin designación especial, como substancia del valor de todas las cosas.