En la relación de valor con la tela, figura el vestido como su cualitativamente igual, como cosas de la misma naturaleza, porque es un valor. Figura, pues, en ella como una cosa en que se manifiesta valor ó que en su forma natural palpable representa valor. Ahora bien; el vestido, el cuerpo de la mercancía vestido, es un simple valor de uso. Un vestido expresa tan poco valor como cualquier pedazo de tela. Esto prueba solamente que, dentro de la relación de valor con la tela, el vestido significa más que fuera de ella, de la misma manera que muchos hombres significan más dentro de un traje galoneado que fuera de él.
Para producir el vestido se ha gastado de hecho fuerza humana de trabajo en forma de trabajo de sastrería. Hay, pues, trabajo humano acumulado en él. Desde este punto de vista, es el vestido «portador de valor», aunque no se transparente esta propiedad suya por gastado que esté. Y en la relación de valor de la tela él no figura sino, desde este punto de vista, como valor encarnado, como cuerpo-valor. Aunque se presente abotonado, la tela ha reconocido en él un alma hermana llena de valor. Pero el vestido no puede, frente á ella, representar valor, sin que al mismo tiempo el valor tome para ella la forma de un vestido. Así, el individuo A no puede comportarse para con el individuo B como con una majestad, sin que para A la majestad tome al mismo tiempo la forma corporal de B, y cambie por eso de rasgos fisonómicos, cabellos y muchas otras cosas con cada nuevo padre de la patria.
En la relación de valor en que el vestido constituye el equivalente de la tela, figura, pues, la forma vestido como forma de valor. El valor de la mercancía tela es así expresado en el cuerpo de la mercancía vestido; el valor de una mercancía, en el valor de uso de otra. Como valor de uso, la tela es una cosa visiblemente distinta del vestido; como valor, es su igual y tiene el aspecto exterior de un vestido, y así ella recibe una forma de valor distinta de su forma natural. Su propiedad de ser valor aparece en su igualdad con el vestido, como la naturaleza carneruna del cristiano en su igualdad con el cordero de Dios.
Como se ve, todo lo que nos dijo antes el análisis del valor de la mercancía lo dice ahora la misma tela, desde que entra en relación con otra mercancía, el vestido. Sólo que ella expresa sus pensamientos en el único lenguaje que le es familiar, el lenguaje de las mercancías. Para decir que el trabajo, en su propiedad abstracta de trabajo humano, constituye su propio valor, dice que el vestido, en tanto que vale lo mismo que ella, en tanto que es valor, consiste en el mismo trabajo que la tela. Para decir que su sublime objetividad de valor difiere de su cuerpo rígido y filamentoso, dice que el valor