tiene el aspecto de un vestido y que, por consiguiente, como cosa de valor, ella misma se parece al vestido como un huevo á otro. Nótese de paso que, además del hebreo, el lenguaje de las mercancías tiene muchos otros dialectos, más ó menos correctos. La palabra alemana werthsein expresa, por ejemplo, menos netamente que el verbo latino valere, valer, valoir, que la igualación de la mercancía B con la mercancía A es la expresión propia del valor de la mercancía A. ¡Paris vaut bien une messe!
Por medio de la relación de valor, la forma natural de la mercancía B se hace la forma de valor de la mercancía A, ó el cuerpo de la mercancía B espejo del valor de la mercancía A[1]. Al referirse la mercancía A á la mercancía B, como cuerpo-valor, como materialización de trabajo humano, ella hace del valor de uso B el material de su propia expresión de valor. El valor de la mercancía A, así expresado en el valor de uso de la mercancía B, posee la forma del valor relativo.
Toda mercancía, cuyo valor debe ser expresado, es un objeto de uso en cantidad determinada: 15 cuartillas de trigo, 100 libras de café, etc. Esta cantidad dada de mercancía contiene una cantidad determinada de trabajo humano. La forma del valor no tiene, pues, que expresar sólo valor en general, sino valor cuantitativamente determinado ó magnitud de valor. En la relación de valor de la mercancía A con la mercancía B, de la tela con el vestido, la mercancía vestido no es igualada á la mercancía tela solamente como cuerpo-valor en general, sino una determinada cantidad de tela, por ejemplo, 20 metros de tela, á una cantidad determinada del cuerpo-valor ó equivalente, á 1 vestido.
La ecuación «20 metros de tela = 1 vestido, ó 20 metros de tela valen 1 vestido» supone que 1 vestido contiene exactamente tanta substancia del valor como 20 metros de tela, que ambas cantidades de mercancías cuestan, por lo tanto, igual cantidad de trabajo ó un tiempo igual de trabajo. Pero el tiempo de trabajo necesario para la producción de 20 metros de tela ó de 1 vestido varía con todo cambio en la fuerza productiva del trabajo de tejer ó de hacer ropa. Hay que investigar ahora más de cerca el influjo de esos cambios sobre la expresión relativa del valor.
- ↑ En cierto sentido sucede con el hombre como con la mercancía. Como no viene al mundo con un espejo, ni tampoco como filósofo á lo Fichte, «yo soy yo», el hombre se refleja primero en otro hombre. Sólo refiriéndose al hombre Pablo como á su igual, refierese el hombre Pedro á si mismo, como hombre, y así, para él, Pablo de pies á cabeza, en su individualidad corporal, es la forma de aparición del género hombre.