expresar el peso del pilón de azúcar, lo ponemos en una relación de peso con el hierro. En esta relación figura el hierro como un cuerpo que no representa nada más que peso. Cantidades de hierro sirven, pues, como medida de peso del azúcar y representan frente al cuerpo azúcar una simple forma de peso, la forma de aparición del peso. El hierro sólo desempeña este papel en la relación que con él tiene el azúcar ú otro cuerpo cualquiera, cuyo peso se trata de averiguar. Si ambas cosas no fueran pesadas, no podrían entrar en esa relación ni la una servir para la expresión del peso de la otra. Poniéndolas en la balanza, vemos efectivamente que como peso ambas son lo mismo y, por lo tanto, en una proporción determinada, son también del mismo peso. Así como el cuerpo hierro, frente al pilón de azúcar, sólo representa peso, en nuestra expresión del valor el cuerpo vestido, frente á la tela, sólo representa valor.
Pero aquí termina la analogía. En la relación de peso del pilón de azúcar, el hierro representa una propiedad natural común á ambos cuerpos: su peso; mientras que en la expresión del valor de la tela, el vestido representa una propiedad sobrenatural de ambas cosas: su valor, algo puramente social.
Al expresar el carácter de valor de una mercancía, por ejemplo, de la tela, como algo completamente distinto de su cuerpo y de sus propiedades, por ejemplo, como igual á un vestido, la forma relativa del valor muestra que en ella está oculta una relación de orden social. Sucede lo contrario con la forma de equivalente; ésta consiste precisamente en que un cuerpo-mercancía, como el vestido, expresa valor tal cual es y posee, pues, por naturaleza, forma de valor. Es cierto que esto no es exacto sino dentro de la relación de valor en que la mercancía tela se refiere á la mercancía vestido como equivalente[1]. Pero como las propiedades de una cosa no resultan de su relación con otras cosas, sino que en esa relación simplemente se manifiestan, el vestido parece poseer su forma de equivalente, su propiedad de cambio posible inmediato, tan naturalmente como su propiedad de ser pesado ó de conservar el calor. De ahí lo enigmático de la forma de equivalente, que no atrae la mirada burguesamente grosera del economista sino cuando se le presenta acabada: en la moneda. Después, aquél trata de disipar el carácter místico del oro y la plata, reemplazándolos disimuladamente con otras mercancías menos deslumbradoras y salmodiando siempre con nuevo placer el catálogo de toda la plebe de mercancías que en su tiempo han desempeñado el papel de equivalente. Él no sospecha que la más simple
- ↑ Así en otro terreno. Este hombre, por ejemplo, es rey sólo porque otros hombres se comportan con él como súbditos, é, inversamente, éstos creen ser súbditos porque él es rey.