impidió encontrar en qué consiste «en verdad» esa relación de igualdad.
La forma simple del valor de una mercancía está contenida en su relación de valor con otra mercancía distinta ó en la relación de cambio con la misma. El valor de la mercancía A es expresado cualitativamente por la propiedad que tiene la mercancía B de ser inmediatamente cambiable con la mercancía A. Es expresado cuantitativamente por la condición de ser cambiable una cantidad determinada de la mercancía B con la cantidad dada de la mercancía A. En otras palabras: el valor de una mercancía es expresado por sí mismo al exponerse como «valor de cambio». Si al principio de este capítulo, siguiendo la manera vulgar, dijimos que la mercancía es valor de uso y valor de cambio, en el sentido estricto esto era falso. La mercancía es valor de uso ú objeto de uso y «valor». Ella manifiesta su doble carácter así que su valor adquiere una forma propia de aparición, distinta de su forma natural, la del valor de cambio, y nunca posee esta forma, considerada aisladamente, sino en la relación de cambio ó de valor con otra mercancía distinta de ella. Comprendido esto, ese modo de decir no causa ningún perjuicio y sirve para abreviar.
Nuestro análisis ha probado que la forma del valor ó la expresión del valor de la mercancía surge de la naturaleza de este valor y no, por el contrario, el valor y la magnitud del valor de su modo de expresión como valor de cambio. Este es, sin embargo, el error, tanto de los mercantilistas y sus modernos entusiastas, Ferrier, Ganilh, etcétera[1], como también de sus antípodas, los modernos commisvoyageurs librecambistas, como Bastiat y consortes. Los mercantilistas insisten acerca del lado cualitativo de la expresión del valor y, por lo tanto, sobre la forma de equivalente de la mercancía, que tiene en la moneda su forma acabada; los modernos mercachifles del libre cambio, que á toda costa tienen que deshacerse de su mercancía, por el contrario, se fijan sobre todo en el lado cuantitativo de la forma relativa del valor. Para ellos no existe, por consiguiente, valor ni magnitud del valor de la mercancía fuera de su expresión por la relación de cambio, es decir, fuera del cartel del precio corriente del día. El escocés MacLeod, cuya misión es adornar eruditamente el enredo de ideas de Lombard-Street, es la hermosa síntesis de los supersticiosos mercantilistas y de los ilustrados mercachifles del libre cambio.
Considerando de cerca la expresión del valor de la mercancía A
- ↑ F. C. A. Ferrier (Subinspector de Aduanas), Du Gouvernement considéré dans ses rapports avec le commerce, París, 1805, y Charles Ganilh, Des Systèmes de l'Economie politique, segunda edición, París, 1821.