ó la forma general del valor se ha transformado en la forma moneda.
La expresión simple relativa del valor de una mercancía, por ejemplo, de la tela, en la mercancía que funciona ya como moneda, por ejemplo, en oro, es la forma precio. La «forma precio» de la tela es, por lo tanto:
20 metros de tela = 2 onzas de oro
ó, si 2 libras esterlinas es el nombre monetario de 2 onzas de oro,
20 metros de tela = 2 libras esterlinas.
La dificultad del concepto de la forma moneda se limita á la concepción de la forma de equivalente general, esto es, de la forma general del valor, de la forma C. La forma C se resuelve á su vez en la forma B, en la forma desarrollada del valor, y el elemento constituyente de ésta es la forma A: 20 metros de tela = 1 vestido ó x mercancía A = y mercancía B. La forma simple de la mercancía es, por lo tanto, el germen de la forma moneda.
IV.—El carácter fetichista de la mercancía y su secreto.
A primera vista, una mercancía parece una cosa trivial y que se comprende por sí misma. De su análisis resulta que es una cosa endiablada, llena de sutilezas metafísicas y de reticencias teológicas. Como valor de uso, no hay nada de misterioso en ella, desde el punto de vista de que sus propiedades satisfacen necesidades humanas ó de que posee esas propiedades sólo como producto del trabajo humano. Es evidente que el hombre, por medio de su actividad, modifica la forma de las materias naturales para hacerlas útiles. Se modifica, por ejemplo, la forma de la madera, cuando de ella se hace una mesa. Sin embargo, la mesa siempre es madera, un objeto ordinario sensible. Pero desde que se presenta como mercancía, se transforma en una cosa sensible y superior á los sentidos. La mesa ya no descansa sólo por sus pies en el suelo, sino que se pone de cara ante todas las otras mercancías, y en su cabeza de palo nacen fantasías mucho más asombrosas que si se pusiera á bailar[1].
El carácter místico de la mercancía no surge, pues, de su valor de uso, ni proviene tampoco del contenido de las determinaciones del valor; pues, en primer lugar, por variados que sean los trabajos útiles ó actividades productivas, es una verdad fisiológica que son funciones del organismo humano, y que toda función semejante, cualesquiera que sean su contenido y su forma, es esencialmente un
- ↑ Recuérdese que China y las mesas empezaron á danzar cuando todo el resto del mundo parecía estar quieto—pour encunrager les autres.