gasto de cerebro, nervios, músculos, órganos de los sentidos, etc., humanos. En segundo lugar, lo que sirve de base para la determinación de la magnitud del valor, la duración de ese gasto, ó la cantidad del trabajo, es visiblemente distinta de la calidad del trabajo. El tiempo de trabajo que cuesta la producción de los alimentos ha tenido interesar á los hombres en todos los estados, aunque no que igualmente en los distintos períodos de desarrollo[1]. Finalmente, desde que los hombres trabajan, de un modo cualquiera, los unos para los otros, su trabajo adquiere también una forma social.
¿De dónde proviene, pues, el carácter enigmático del producto del trabajo así que toma la forma de mercancía? Evidentemente, de esta misma forma. La igualdad de los trabajos humanos adquiere la forma de la igual objetividad del valor de los productos del trabajo, la medida del gasto de fuerza humana de trabajo por su duración adquiere la forma de la magnitud del valor de los productos del trabajo; finalmente, las relaciones de los productores, en que se manifiestan esas determinaciones sociales de sus trabajos, adquieren la forma de una relación social de los productos del trabajo.
Lo misterioso de la forma mercancía está, pues, simplemente en que ella refleja ante el hombre los caracteres sociales de su propio trabajo, como caracteres objetivos de los productos mismos del trabajo, como propiedades sociales naturales de estas cosas, y así también la relación social de los productores con el trabajo total como una relación social de objetos independiente de los productores. Por este quid pro quo, los productos del trabajo pasan á ser mercancías, cosas sensibles y superiores á los sentidos, cosas sociales. Así la impresión luminosa de un objeto sobre el nervio óptico no se manifiesta como excitación subjetiva del mismo nervio óptico, sino como forma objetiva de una cosa exterior al ojo. Pero en la visión la luz pasa realmente de una cosa, el objeto externo, á otra cosa, el ojo. Es una relación física entre cosas físicas. La forma mercancía y la relación de valor de los productos del trabajo en que ella se manifiesta no tienen, por el contrario, absolutamente nada que hacer con la naturaleza física de esos productos y las relaciones reales que de ella resultan. Una relación social determinada de los hombres mismos toma aquí para ellos la forma fantasmagórica de una relación de cosas. Por eso, para encontrar una analogía tenemos que refugiarnos en la nebulosa región del mundo religioso. En él, los productos del cerebro
- ↑ Entre los antiguos germanos se calculaba la extensión de un morgen de tierra por el trabajo de un día, y por eso el morgen era llamado tagwerk (también tagwanne) (jurnale ó jurnalis, terra jurnalis, jurnalis ó diornalis), mannwerk, mannskraft, mannsmaad, mannshauet, etc. Véase Georg Ludwig von Maurer, Einleitung zur Geschichte der Mark-, Hof-, u. s. w. Verfassung, Munich, 1659, pág. 129.