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Página:El Capital (1898).pdf/63

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EL CAPITAL

varían constantemente, con independencia de la voluntad, previsión y conducta de los que cambian. Su propio movimiento social tiene para ellos la forma de un movimiento de cosas que los maneja, en lugar de manejarlo ellos. Es preciso que la producción mercantil se haya desarrollado por completo para que de la misma experiencia se desprenda esta vista científica: que los trabajos privados ejecutados independientemente los unos de los otros, pero todos vinculados entre sí como ramas naturales de la división social del trabajo, son permanentemente reducidos á su medida social proporcional, porque en las accidentales y siempre oscilantes relaciones de cambio de sus productos, el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción se impone con violencia como ley natural reguladora, lo mismo que la ley de la pesantez, cuando á uno se le derrumba la casa encima[1]. La determinación de las cantidades de valor por el tiempo de trabajo es por eso un secreto oculto bajo los movimientos aparentes de los valores relativos de las mercancías. Su descubrimiento suprime la apariencia de la determinación simplemente accidental de las magnitudes de valor de los productos del trabajo, pero de ninguna manera su forma objetiva.

La reflexión sobre las formas de la vida humana y, por consiguiente, su análisis científico, sigue en general un camino opuesto al desarrollo real. Principia post festum con los resultados hechos del proceso del desarrollo. Las formas que imprimen á los productos del trabajo el sello de mercancías, y que, por lo tanto, se sobreentienden en la circulación de mercancías, poseen ya la fijeza de formas naturales de la vida social, antes de que los hombres traten de darse cuenta, no del carácter histórico de estas formas, que para ellos pasan ya más bien por invariables, sino de su contenido. Así, sólo fué el análisis de los precios de las mercancías lo que condujo á la determinación de las magnitudes de valor y la expresión común de las mercancías en moneda lo que trajo la fijación de su carácter de valor. Pero precisamente esta forma acabada, la forma moneda, del mundo mercantil es lo que oculta el carácter social de los trabajos privados, y así, las relaciones sociales de los trabajadores privados, en lugar de revelarlos. Cuando digo que vestidos, botines, etc., se refieren á tela como á la encarnación general de trabajo humano abstracto, salta á la vista la extravagancia de esta expresión; pero cuando los productores de vestidos, botines, etc., refieren esas mercancías á tela —ó á oro y plata, lo que no cambia en nada la cosa—

  1. «¿Qué pensar de una ley que sólo puede cumplirse por revoluciones periódicas? No es sino una ley natural basada en la inconsciencia de los que la sufren.» (Friedrich Engels, Umrisse zu einer Kritik der Nationalœkonomie, en Deutsch-franzdesische Jahrbücher, editado por Arnold Ruge y Karl Marx; París, 1844.)