como equivalente general, la relación de sus trabajos privados con el trabajo social total se les presenta precisamente en esa forma extravagante.
Formas semejantes constituyen precisamente las categorías de la Economía burguesa. Son formas de pensamiento socialmente válidas, y, por lo tanto, objetivas, para las relaciones de la producción mercantil, modo social de producción históricamente determinado. Todo el misticismo del mundo mercantil, toda la magia y fantasmagoría que envuelven los productos del trabajo sobre la base de la producción de mercancías, desaparecen, pues, tan pronto como pasamos á otras formas de producción.
Puesto que la Economía política gusta de las robinsonadas[1], veamos primero á Robinsón en su isla. Aunque modesto por naturaleza, tiene que satisfacer diversas necesidades y, por lo tanto, ejecutar diversos trabajos útiles, fabricar herramientas, hacer muebles, domesticar llamas, pescar, cazar, etc. No hablamos de rezar y de otras cosas semejantes, porque nuestro Robinsón se divierte con ellas y las considera como reposo. Á pesar de la variedad de sus funciones productivas, él sabe que éstas no son sino formas diversas de actividad del mismo Robinsón, es decir, modos diversos de trabajo humano. La necesidad misma le obliga á distribuir su tiempo exactamente entre sus diversas funciones. Que una tome más espacio que otra en su actividad total, depende de la mayor ó menor dificultad que él tiene que vencer para obtener el efecto útil buscado. La experiencia se lo enseña, y nuestro Robinsón, que ha salvado del naufragio reloj, libro mayor, tinta y pluma, como buen inglés, pronto principia á llevar el libro de él mismo. Su inventario contiene una lista de los objetos útiles que posee, de las diversas operaciones necesarias para su producción y, finalmente, del tiempo de trabajo que á él le cuestan por término medio cantidades determinadas de esos diversos productos. Todas las relaciones entre Robinsón y las cosas que constituyen la riqueza que él mismo se ha creado, son aquí tan simples y transparentes, que el mismo Sr. M. Wirth las entendería sin mucha fatiga mental. Y sin embargo, ellas contienen todas las determinaciones esenciales del valor.
Transportémonos ahora de la clara isla de Robinsón á la oscura
- ↑ Tampoco á Ricardo le falta su robinsonada. «Al pescador y al cazador primitivos los hace ya cambiar pescado y caza, como poseedores de mercancías, en proporción al tiempo de trabajo realizado en esos valores de cambio. En esta ocasión incurre en el anacronismo de que el pescador y el cazador primitivos, para calcular sus instrumentos de trabajo, consultan las tablas de anualidades usadas en la Bolsa de Londres en 1817. Los «paralelogramos del Sr. Owen» parecen ser la única forma de sociedad que él conocía, fuera de la burguesa.» (Karl Marx, Zur Kritik... etc., págs. 38-39.)