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Página:El Capital (1898).pdf/68

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CARLOS MARX

el valor y la medida del trabajo, según su duración, en la magnitud del valor de su producto [1]. Fórmulas en cuya frente está escrito que pertenecen á una formación social en que el proceso de producción domina á los hombres, y no todavía el hombre al proceso de la producción, son para su conciencia burguesa tan naturalmente necesarias como el mismo trabajo productivo. Por eso ella trata á las formas preburguesas del organismo social de la producción como los Padres de la Iglesia á las religiones precristianas[2].

  1. Uno de los defectos fundamentales de la Economía política clásica es el de no haber conseguido nunca descubrir en el análisis de la mercancía, y especialmente del valor de la mercancía, la forma del valor que lo hace precisamente valor de cambio. Sus mejores representantes, como A. Smith y Ricardo, tratan de la forma del valor como de algo completamente indiferente ó ajeno á la naturaleza de la mercancía misma. Eso no es solamente porque el análisis de la magnitud del valor absorbe toda su atención. El motivo es más profundo. La forma valor del producto del trabajo es la forma más abstracta y también más general del modo burgués de producción, que ella caracteriza históricamente como una especie particular de producción social. Si equivocadamente se la toma por la forma natural eterna de produccion social, el lado específico de la forma valor pasa necesariamente inadvertido, y, por lo tanto, el de la forma mercancía, el de la forma moneda y el de la forma capital, etc., de un desarrollo ulterior. Por eso, economistas que concuerdan por completo en la medida de la magnitud del valor por el tiempo de trabajo, tienen las ideas más abigarradas y contradictorias acerca de la moneda, es decir, de la forma acabada del equivalente general. Esto resulta, por ejemplo, al ocuparse de los Bancos, donde no acaban nunca las definiciones y los lugares comunes acerca de la moneda. Por eso surgió como antagonista un sistema mercantilista restaurado (Ganilh y otros) que ve en el valor sólo la forma social ó, más bien, sólo su apariencia sin substancia.—Hago notar, una vez por todas, que entiendo por Economía política clásica toda Economía que, á partir de W. Petty, investiga la intima conexión de las relaciones burguesas de producción, en oposición á la Economía vulgar, que vaga dentro de la sola apariencia, rumiando siempre el material proporcionado mucho antes por la Economia científica, con fines de aclaración de los más groseros fenómenos para el consumo burgués, y que, por lo demás, se limita á sistematizar y á proclamar pedantescamente como verdades eternas las ideas triviales con que se complacen los agentes de la producción burguesa acerca de su propio mundo, para ellos el mejor de los mundos posibles.
  2. «Los economistas tienen una singular manera de proceder. Para ellos no hay más que dos clases de instituciones: las del Arte y las de la Naturaleza. Las instituciones del Feudalismo son instituciones artificiales; las de la Burguesía son instituciones naturales. Se parecen en esto á los teólogos, que establecen también dos clases de religiones. Toda religión que no es la de ellos, es una invención de los hombres, mientras que su propia religión es una emanación de Dios.—Ha habido, pues, Historia; pero ya no la hay.» (Karl Marx, Misère de la Philosophie, réponse á la Philosophie de la Misère par M. Proudhon, 1847, pág. 113.) Es verdaderamente gracioso el Sr. Bastiat al figurarse que los antiguos griegos y romanos vivieron solamente del robo. Si durante muchos siglos se vive del robo, preciso es que haya siempre algo que robar ó que el objeto del robo se reproduzca continuamente. Parece, pues, que también los griegos y los romanos tenían un proceso de producción y, por lo tanto, una Economía, que constituía la base material de su mundo, exactamente como la Economía burguesa la del mundo actual. ¿O supone acaso Bastiat que un modo de producción basado en la esclavitud es un sistema de robo? Se colocaría entonces en terreno peligroso. Si un gigante del pensamiento como Aristóteles se equivocó en su apreciación de la esclavitud, ¿por qué un economista enano, como Bastiat, habría de acertar en su apreciación del trabajo asalariado?—Aprovecho la ocasión para contestar brevemente á una objeción que me ha sido hecha por un periódico germano-americano al aparecer mi obra Zur Kritik der Politischen Œkonomie, 1859. Según ese periódico, mi opinión de que el modo determinado de producción y las relaciones de producción que siempre corresponden á él; en una palabra, «la estructura económica de la sociedad es la base real sobre