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Página:El Capital (1898).pdf/73

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EL CAPITAL

La cristalización monetaria es consecuencia necesaria del proceso del cambio, en el cual productos diversos del trabajo son igualados de hecho entre sí, y por eso mismo transformados de hecho en mercancías. El desarrollo histórico del cambio despierta el contraste entre valor de uso y valor, que dormita en la naturaleza de la mercancía. La necesidad, para el comercio, de expresar exteriormente ese contraste, tiende á crear una forma autónoma del valor-mercancía, y no descansa hasta conseguirla por el desdoblamiento de la mercancía en mercancía y moneda. Á medida, pues, que se hace la transformación de los productos del trabajo en mercancías se realiza la transformación de una mercancía en moneda[1].

El trueque inmediato de productos tiene, por una parte, la forma de la expresión simple del valor y, por la otra, no la tiene todavía. Esa forma era: x mercancía A = y mercancía B. La forma del trueque inmediato es: x objeto de uso A = y objeto de uso B[2]. Las cosas A y B no son aquí mercancías antes del cambio, sino que pasan á serlo en virtud del mismo. La primera manera como un objeto de uso puede ser valor de cambio es su existencia como no-valor de uso, como quantum de valor de uso que excede á las necesidades inmediatas de su poseedor. Las cosas son por sí mismas exteriores al hombre y, por lo tanto, enajenables. Para que la enajenación sea recíproca, los hombres no necesitan sino ponerse, silenciosos, unos frente á otros como propietarios privados de esas cosas enajenables y, por eso precisamente, como personas independientes entre sí. Semejante relación de independencia recíproca no existe, sin embargo, para los miembros de una comunidad primitiva, cualquiera que sea su forma: familia patriarcal, comunidad inda antigua, estado inca, etcétera. El cambio de mercancías principia donde las comunidades terminan, en sus puntos de contacto con comunidades extrañas ó con miembros de comunidades extrañas. Pero una vez que para la vida exterior de la comunidad las cosas se transforman en mercancías, por contragolpe se transforman también en ellas para la vida comunal interna. La proporción cuantitativa en que se cambian es al principio completamente accidental. Son cambiables por el acto voluntario de sus poseedores de enajenarlas recíprocamente. Entre tanto, la necesidad de objetos de uso extranjeros va poco a poco

  1. Júzguese, según eso, de la perspicacia del socialismo de la pequeña burguesía, que quiere eternizar la producción mercantil y suprimir al mismo tiempo el «contraste de mercancía y moneda», es decir, la moneda misma, pues ésta sólo existe en ese contraste. Eso es tan posible como suprimir el Papa y dejar subsistente el Catolicismo. Véase sobre este asunto mi obra Zur Kritik... etc., pág. 61 y sig.
  2. Mientras no se cambian dos distintos objetos de uso, sino que, como lo vemos á menudo entre los salvajes, se ofrece una masa caótica de cosas como equivalentes de otra, el mismo cambio inmediato de productos está todavía en su nacimiento.