zarla, toma su forma definitiva como punto de partida. El proceso del cambio da á la mercancía que transforma en moneda, no su valor, sino su forma específica de valor. La confusión de ambos caracteres ha conducido al error de considerar imaginario el valor del oro y de la plata[1]. Porque, en ciertas funciones, la moneda puede ser reemplazada por simples signos que la representan, ha nacido el otro error de que ella es un simple signo. Esto encierra, por otra parte, la sospecha de que la forma moneda es extraña á la cosa misma y la simple forma de manifestación de relaciones humanas ocultas detrás de ella.
En este sentido, toda mercancía sería un signo, pues como valor no es más que la envoltura material del trabajo humano gastado en ella[2]. Pero al considerar como simples signos los caracteres sociales que adquieren las cosas ó los caracteres materiales que adquieren las determinaciones sociales del trabajo, sobre la base de un modo determinado de producción, se les declara productos arbitrarios de la reflexión humana. Este era el modo favorito de explicar del siglo XVIII, para quitar á lo menos la apariencia de extrañeza á las
- ↑ «El oro y la plata tienen valor como metales antes de ser moneda.» (Galiani, ob. cit.) Locke dice: «El acuerdo general de los hombres ha dado á la plata, á causa de sus cualidades, que la han hecho apropiada para moneda, un valor imaginario.» Law, por el contrario: «¿Cómo podrían diversas naciones dar un valor imaginario á una cosa cualquiera..... ó cómo podría haberse sostenido ese valor imaginario?» Pero cuán poco entendía él mismo de la cosa. «La plata se cambiaba según el valor de uso que tenía, es decir, según su valor real. Por su adopción como moneda, adquirió un valor adicional.» (Jean Law, Considérations sur le numéraire et le commerce, en la edición de los Economistes financiers du XVIII siècle, de E. Daire, pág. 470.)
- ↑ «La moneda es su signo (de las mercancías).» (V. de Forbonnais, Eléments du Commerce, nouv. édit., Leyde, 1766, t. II, pág. 143.) «Como signo, es atraido por las mercancías.» (Ob. cit., pág. 155.) «El dinero es un signo de una cosa, y la representa.» (Montesquieu, Esprit des Lois, OEuvres, Londres, 1767, t. II, pág. 2.) «El dinero no es un simple signo, porque es riqueza por sí mismo; él no representa los valores, equivale á ellos.» (Le Trosne, ob. cit., pág. 910.) «Al considerar el concepto del valor, la cosa misma no es mirada sino como un signo, y ella no figura ya por sí misma, sino por lo que vale.» (Hegel, ob. cit., pág. 100.) Mucho antes que los economistas, lanzaron los juristas la idea de que el oro es un simple signo, y también la del valor puramente imaginario de los metales preciosos, sirviendo de sicofantes del poder Real, cuyo derecho de falsificar la moneda apoyaron durante toda la Edad Media, siguiendo las tradiciones del Imperio romano y el concepto del dinero que se encuentra en las Pandectas. «Qu'aucun puisse ni doive faire doute», dice su aprovechado discípulo Felipe de Valois, en un decreto de 1346, «que á nous et á notre majesté royale n'appartienne seulement..... le mestier, le fait, l'état, la provision et toute l'ordonnance des monnaies, de donner tel cours, et pour tel prix comme il nous plait et bon nous semble.» Era un dogma del derecho romano que el emperador decretaba el valor de la moneda. También estaba expresamente prohibido tratar la moneda como mercancía. «Pecunias vero nulli emere fas erit, nam in usu publico constitutas oportet non esse mercem.» Buenos comentarios sobre este punto, por G. F. Pagnini, Saggio sopra il giusto pregio delle cose, 1751, en Custodi, parte moderna, t. II. Sobre todo en la segunda parte de la obra, Pagnini refuta á los señores juristas.
East-Indies, etc., Londres, 1689, pág. 2.) «El capital y la riqueza del reino no pueden propiamente limitarse á la moneda, ni el oro y la plata deben ser excluidos de las mercancías.» (The East India Trade a most Profitable Trade, Londres, 1677, pág. 4.)