enigmáticas formas de relaciones humanas cuyo origen no se sabía aún descifrar.
Ya hemos visto que la forma de equivalente de una mercancía no comprende la determinación cuantitativa de la magnitud de su valor. Cuando se sabe que el oro es moneda, y por eso inmediatamente cambiable con todas las otras mercancías, no se sabe, sin embargo, cuánto valen, por ejemplo, 10 libras de oro. Como toda mercancía, la moneda sólo puede expresar su propia magnitud de valor relativamente, en otras mercancías. Su propio valor está determinado por el tiempo de trabajo exigido para su producción, y se expresa en la cantidad de toda otra mercancía que contenga igual tiempo de trabajo[1]. Esta fijación de la magnitud de su valor relativo se verifica en el trueque inmediato en sus puntos de producción. Desde el momento en que entra en circulación como moneda, su valor ya está fijado. Ya en las últimas décadas del siglo XVII, el análisis de la moneda hizo ver que ésta es mercancía; pero eso no fué más que el principio del análisis. La dificultad no está en comprender que la moneda es mercancía, sino cómo, por qué, en virtud de qué una mercancía es moneda[2].
Hemos visto que ya en la más simple expresión de valor, x mercancía A = y mercancía B, la cosa en que se manifiesta la magnitud del valor de otra cosa parece poseer su forma de equivalente independientemente de esa relación, como propiedad social natural. Hemos seguido la consolidación de esa falsa apariencia. Ella es completa desde el momento en que la forma de equivalente general se confunde con la forma natural de una mercancía particular ó se cristaliza en forma de moneda. Una mercancía no parece hacerse moneda
- ↑ «Si un hombre puede traer á Londres una onza de plata extraída del suelo del Perú en el mismo tiempo en que puede producir una cuartilla de grano, la una es el precio natural de la otra. Ahora, si por causa de hallar nuevas minas y más fáciles, un hombre puede procurarse dos onzas de plata tan fácilmente como antes una, el grano estará tan barato á 10 chelines la cuartilla como lo estaba antes á 5 chelines, cæteris paribus.» (William Petty, A Treatise on Taxes and Contributions, Londres, 1667, pág. 31.)
- ↑ El señor profesor Roscher, después de enseñarnos que «las definiciones falsas de la moneda pueden dividirse en dos grupos principales, las que la tienen por más y las que la tienen por menos que una mercancía», nos da un abigarrado catálogo de escritos sobre la naturaleza de la moneda, que no revelan ni la más remota comprensión de la historia real de la teoría, y en seguida la moral: «No se puede negar, por lo demás, que la mayor parte de los nuevos economistas no tienen bastante en cuenta las particularidades que distinguen á la moneda de las otras mercancías (¿es, pues, más ó menos que mercancía?)..... En ese sentido, no carece completamente de fundamento la reacción semimercantilista de Ganilh, etc.» (Wilhelm Roscher, Die Grundlagen der Nationalœconomie, tercera edición, 1858, páginas 207-210.) ¡Más—menos—no bastante—en ese sentido—no completamente! ¡Qué precisión de conceptos! ¡Y á semejante jerigonza de profesor ecléctico bautiza modestamente el Sr. Roscher de «método anátomofisiológico» de la Economía política! Se le debe, sin embargo, un descubrimiento, á saber: que el dinero es «una mercancía agradable».