La expresión en oro del valor de una mercancía—x mercancía A = y mercancía-moneda—es su forma moneda ó su precio. Una ecuación aislada, como 1 tonelada de hierro = 2 onzas de oro, basta ahora para expresar el valor del hierro de una manera socialmente válida. La ecuación no necesita ya presentarse en línea con las ecuaciones de valor de las otras mercancías, porque la mercancía equivalente, el oro, tiene ya el carácter de moneda. La forma general del valor relativo de las mercancías vuelve á tomar ahora, por lo tanto, el aspecto de su primitiva forma simple. La expresión desarrollada del valor relativo, ó la serie interminable de expresiones del valor relativo, pasa á ser, por otra parte, la forma específica del valor relativo de la mercancía-moneda. Pero esta serie ya está socialmente constituída en los precios de las mercancías. Léanse en sentido inverso las cotizaciones de una nota de precios corrientes, y se tiene expresada en todas las mercancías posibles la magnitud del valor de la moneda. La moneda, pues, no tiene precio. Para participar de esta forma unitaria del valor relativo de las otras mercancías, tendría que referirse á sí misma como su propio equivalente.
Como la forma del valor en general, el precio ó la forma moneda de la mercancía es sólo una forma ideal ó representada, distinta de su forma corporal tangible y real. El valor del hierro, de la tela, del trigo, etc., aunque invisible, existe en esas cosas mismas; él es representado por su igualdad con el oro, por una relación con éste que, por decirlo así, no existe sino en la cabeza de las mercancías. El dueño de las mercancías tiene, pues, que prestarles su propia lengua ó pegarles rótulos que anuncien sus precios al mundo exterior[1].
- ↑ El salvaje ó semisalvaje usa la lengua de otro modo. Por ejemplo, el capitán Parry cuenta lo siguiente de los habitantes de la costa occidental de la bahía de Baffin «En este caso (al cambiar productos)..... la lamían (la cosa que recibían) dos veces con la lengua, después de lo cual parecían considerar el trato satisfactoriamente concluido.» Entre los esquimales del Este, el receptor lamía también el artículo en el momento de cambiarlo. Si la lengua figura así en el Norte como órgano de la apropiación, no es asombroso que el abdomen pase en el Sur por el órgano de la propiedad acumulada, y que el cafre aprecie la riqueza de un hombre según la gordura de su panza. Los cafres son gente que lo entiende, pues mientras que el informe oficial de 1864 sobre la salud pública en Inglaterra lamenta que una gran parte de la clase trabajadora carece de substancias formadoras de grasa,
cantil, los productos del trabajo tienen que presentarse como mercancías, pues el carácter de la mercancía implica su desdoblamiento en mercancía y mercancía-moneda. O por qué el trabajo privado no puede ser tratado como trabajo inmediatamente social, es decir, como su contrario. En otra parte he discutido extensamente el trivial utopismo de una «moneda de trabajo» sobre la base de la producción mercantil (ob. cit., pág. 61 y sig.). Notemos aquí que, por ejemplo, el «bono de trabajo» de Owen está tan lejos de ser moneda como una contraseña de teatro. Owen supone trabajo inmediatamente socializado, forma de producción diametralmente opuesta á la producción mercantil. El certificado de trabajo hace constar la parte individual del productor en el trabajo común, y lo que le corresponde de la porción del producto común destinada al consumo; pero no se le ocurre á Owen suponer la producción mercantil y querer, sin embargo, sustraerse á sus condiciones necesarias por medios de chapucería monetaria.