determinados de metal forman la escala de la moneda metálica. Lo que ha variado es la división y la nomenclatura.
Los precios ó las cantidades de oro en que los valores de las mercancías se transforman idealmente, son expresados, pues, ahora en los nombres legalmente válidos de la escala monetaria. En lugar, pues, de decir que la cuartera de trigo es igual á una onza de oro, en Inglaterra se diría que es igual á 3 libras esterlinas 17 chelines 10 12 peniques. Las mercancías dicen, pues, lo que valen por medio de sus nombres en dinero, y éste sirve para contar siempre que se trata de fijar una cosa como valor, es decir, en forma moneda[1].
El nombre de una cosa es completamente ajeno á su naturaleza. Yo no sé nada de un hombre sabiendo solamente que se llama Jacobo. De la misma manera, en los nombres monetarios de libra, escudo, franco, ducado, etc., desaparece todo vestigio de la relación de valor. La confusión sobre el sentido oculto de estos signos cabalísticos es tanto más grande, cuanto que los nombres monetarios expresan al mismo tiempo el valor de las mercancías y las partes alícuotas de un peso de metal de la escala monetaria[2]. Es necesario, por otra parte, que el valor, distinguiéndose de los variados cuerpos de las mercancías, se desarrolle hasta revestir esa forma material y sin significado, pero también simple y social[3].
El precio es el nombre monetario del trabajo materializado en la mercancía. La equivalencia de la mercancía y de la cantidad de moneda cuyo nombre es su precio, es, pues, una tautología[4]; como que,
- ↑ «Como se preguntara á Anacarsis para qué usaban los helenos de la moneda, respondió:—Para contar.» (Athen., Deipn., l. IV, 49.)
- ↑ «Porque la moneda, como escala de los precios, aparece con los mismos nombres que los precios de las mercancías, de modo que, por ejemplo, una onza de oro, lo mismo que el valor de una tonelada de hierro, se expresa en 3 libras esterlinas 17 chelines 10 12 peniques, se ha dado á estas expresiones el nombre de precio, de moneda. De ahí há nacido la peregrina idea de que el oro (ó la plata) es evaluado en su propia substancia y, á diferencia de todas las mercancías, recibe un precio fijo por vía del Estado. Se ha tomado la fijación de los nombres de pesos de oro determinados por la fijación del valor de esos pesos.» (Karl Marx, ob. cit., página 52.)
- ↑ Compárese Teorías sobre la unidad de medida de la moneda, en Zur Kritik der Politischen OEconomie, etc., pág. 53 y sig. La fantasía sobre elevación ó rebaja del «precio de la moneda», que consiste en que el Estado transporte los nombres monetarios fijados por la ley para cantidades fijas de oro y plata á cantidades mayores ó menores del modo de acuñar, por ejemplo, 14 de onza de oro en 40 chelines en vez de 20. Estas fantasías, en tanto que no son inhábiles operaciones financieras contra acreedores del Estado ó privados, sino «curas maravillosas» económicas, las ha tratado Petty en su obra Quantulumcumque concerning money. To the Lord Marquis of Halifax, 1682, de una manera tan completa, que ya sus inmediatos sucesores, Sir Dudley North y John Locke, para no decir nada de los posteriores, no pudieron sino repetirlo malamente. «Si la riqueza de una nación—dice aquél, por ejemplo—pudiera ser decuplicada por medio de un edicto, sería extraño que nuestros gobernantes no hayan hecho edictos semejantes hace mucho tiempo.» (Ob. cit., pág. 36.)
- ↑ «O bien hay que consentir en decir que un valor de un millón en plata vale más que un valor igual en mercancías (Le Trosne, ob. cit., pág. 922); por lo tanto, «que un valor vale más que un valor igual».