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Página:El Capital (1898).pdf/86

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CARLOS MARX

formalmente un precio sin tener un valor. Aquí la expresión de precio es imaginaria, como ciertas magnitudes de las Matemáticas. Por otra parte, la forma imaginaria de precio, por ejemplo, el precio del suelo no cultivado, que no tiene valor alguno porque ningún trabajo humano está incorporado á él, puede también ocultar una relación real de valor ó derivada de ella.

Como la forma relativa del valor en general, el precio expresa el valor de una mercancía, por ejemplo, el de una tonelada de hierro, en que una cantidad determinada del equivalente, por ejemplo, una onza de oro, es inmediatamente cambiable con el hierro; pero de ninguna manera en que, inversamente, el hierro sea inmediatamente cambiable con el oro. Para ejercer, pues, prácticamente la acción de un valor de cambio, la mercancía tiene que despojarse de su cuerpo natural, y de oro simplemente ideal transformarse en oro real, aunque esta transubstanciación pueda serle más desagradable que á la «idea» de Hegel el paso de la necesidad á la libertad, ó al cangrejo la ruptura de su cáscara, ó al Padre de la Iglesia Jerónimo desprenderse del viejo Adán[1]. La mercancía puede tener en el precio una apariencia ideal de valor ó una forma ideal de oro, junto con su forma natural de hierro, por ejemplo; pero no puede ser al mismo tiempo hierro y oro en realidad. Para darle un precio, basta igualarla á oro representado; pero hay que reemplazarla con oro para que preste á su poseedor el servicio de equivalente general. Si el poseedor del hierro se presentara, por ejemplo, al poseedor de un artículo de consumo vulgar, y le propusiera adquirir su hierro, cuyo precio tiene la forma de oro, recibiría la misma respuesta que en el cielo recibió el Dante de San Pedro, al terminar de recitarle las fórmulas de la fe:

Assai bene è trascorsa
D'esta moneta già la lega e'l peso,
Ma dimmi se tu l'hai nella tua borsa.

La forma precio implica la enajenabilidad de las mercancías por moneda, y la necesidad de esta enajenación. Por otra parte, el oro no funciona como medida ideal del valor sino porque ya en el proceso del cambio circula como mercancía-moneda. En la medida ideal de los valores está, pues, en acecho la moneda sonante.

  1. Si en su juventud San Jerónimo tuvo que luchar mucho contra la carne material, como lo muestra su combate del desierto con imágenes de mujeres hermosas, en su vejez luchó con la carne espiritual. «Yo me figuraba—dice él, por ejemplo—en espíritu ante el Juez universal.—¿Quién eres tú?—preguntó una voz. —Soy un cristiano. —¡Mientes!— dijo el Juez universal con voz de trueno—¡no eres más que un ciceroniano!»