dazo de tela que se encuentre en el mercado no contenga sino el tiempo de trabajo socialmente necesario. El conjunto de esos pedazos puede, sin embargo, contener tiempo de trabajo superfluamente gastado. Si el mercado no consigue absorber la totalidad de la tela al precio normal de 2 chelines por metro, esto prueba que se ha gastado en la forma de tejido una parte demasiado grande del total del tiempo de trabajo social. El efecto es el mismo que si cada tejedor particular hubiera gastado en su producto individual más que el tiempo de trabajo socialmente necesario. Es el caso de decir: agarrados juntos, colgados juntos. Toda la tela que hay en el mercado no forma sino un artículo, del cual cada pieza es una parte alícuota. Y en realidad, el valor de cada metro de ella no es más que la materialización de la misma cantidad socialmente determinada de trabajo humano igual.
Como se ve, la mercancía ama al dinero; pero «the course of true love never does run smooth». La ramificación cuantitativa del organismo social de la producción, que muestra sus membra disjecta en el sistema de la división del trabajo, es tan espontánea y natural como la cualitativa. Nuestros poseedores de mercancías descubren, pues, que la misma división del trabajo que los hace productores independientes, independiza de ellos al proceso social de la producción y á sus relaciones en este proceso, y que la independencia de las personas entre sí se complementa con un sistema de dependencia general de las cosas.
La división del trabajo transforma en mercancía el producto del trabajo y hace así necesaria su transformación en dinero. Á ella también se debe que el éxito de esta transubstanciación sea eventual. Pero aquí tenemos que considerar el fenómeno en su pureza, y suponer, por lo tanto, su marcha normal. Por lo demás, si simplemente se realiza, si la mercancía no es invendible, su cambio de forma verifícase siempre, aunque en él pierda ó se agregue substancia—magnitud del valor—de una manera anormal.
Un poseedor de mercancía reemplaza su mercancía con oro; el otro, su oro con mercancía. El fenómeno perceptible para los sentidos es el cambio de manos ó de lugar de la mercancía y el oro, de 20 metros de tela y 2 libras esterlinas, es decir, su cambio. Pero ¿con qué se cambia la mercancía? Con su propia figura general de valor. ¿Y el oro? Con una forma particular de su valor de uso. ¿Por qué el oro se presenta como moneda á la tela? Porque el precio de ésta, 2 libras esterlinas, la refiere ya al oro como moneda. La mercancía muda su forma primitiva al enajenarse, es decir, en el momento en que su valor de uso atrae realmente al oro, que en su precio no está sino representado. La realización del precio ó de la forma puramente ideal del valor de la mercancía es, pues, al propio tiempo la realización