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Página:El Capital (1898).pdf/92

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CARLOS MARX

un movimiento que termina con su contrario, la compra de la biblia; bajo su faz de compra de la tela, termina un movimiento que principió con su contrario, la venta del trigo. M — D (tela — dinero), primera fase de M — D — M (tela — dinero — biblia), es al propio tiempo D — M (dinero — tela), última faz de otro movimiento, M — D — M (trigo — dinero — tela). La primera metamorfosis de una mercancía, su paso de la forma mercancía á la forma moneda, es siempre al propio tiempo la segunda y opuesta metamorfosis de otra mercancía, su vuelta de la forma moneda á mercancía[1].

D — M. Metamorfosis segunda ó final de la mercancía: compra. La moneda es la mercancía absolutamente enajenable porque es el producto de la enajenación de todas las mercancías. Ella lee todos los precios al revés, y se mira así en los cuerpos de todas las mercancías como en la materia en que pasa á ser mercancía ella misma. Al propio tiempo, los precios, amorosas miradas que le lanzan las mercancías, indican el límite de su capacidad de conversión, á saber: su propia cantidad. Puesto que la mercancía desaparece al hacerse dinero, no se ve en éste cómo ha llegado á manos de su poseedor ni qué cosa se ha transformado en él. Non olet, cualquiera que sea su origen. Si por un lado representa mercancías vendidas, representa del otro mercancías comprables[2].

D — M, la compra, es al propio tiempo venta, M — D; y así la última metamorfosis de una mercancía es al propio tiempo la primera de otra mercancía. Para nuestro tejedor, la carrera de su mercancía se cierra con la biblia, en la cual él ha convertido las 2 libras esterlinas. Pero el vendedor de biblias permuta por aguardiente las 2 libras esterlinas desprendidas del tejedor. D — M, fase terminal de M — D — M, (tela — dinero — biblia), es al propio tiempo M — D, primera fase de M — D — M (biblia — dinero — aguardiente). Como el productor sólo provee de un artículo especial, lo vende á menudo en grandes masas, mientras que sus múltiples necesidades le obligan constantemente á dividir en numerosas compras el precio realizado ó la suma de dinero disponible. Una venta es, pues, el punto de partida de muchas compras de mercancías diversas. La metamorfosis final de una mercancía constituye así una suma de primeras metamorfosis de otras mercancías.

Si consideramos ahora la metamorfosis de conjunto de una mercancía, por ejemplo, de la tela, vemos desde luego que consta de dos

  1. El productor de oro y plata que cambia su producto sin haberlo vendido previamente, constituye una excepción, como ya se ha hecho notar.
  2. «Si el dinero representa en nuestras manos las cosas que podemos desear comprar, representa también en ellas las cosas que hemos vendido por ese dinero.» (Mercier de la Riviere, ob. cit., pág. 586.)