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Página:El Capital (1898).pdf/94

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CARLOS MARX

como crisálida monetaria, forma en que muere, termina al propio tiempo la primera metamorfosis de una tercera mercancía. El círculo descrito por la serie de metamorfosis de cada mercancía se entrelaza de modo inextricable con los círculos de otras mercancías. Del proceso total resulta la circulación de las mercancías.

La circulación de las mercancías se distingue, no sólo en la forma, sino en la esencia, del trueque inmediato de los productos. Veamos, si no, lo que ha pasado. El tejedor ha cambiado sin reserva la tela por la biblia, su propia mercancía por la de otro. Pero este fenómeno no es verdadero sino para él. El vendedor de la biblia, que prefiere el calor al frío, no ha pensado en cambiarla por tela, como el tejedor no sabe que su tela ha sido cambiada por trigo, etc. La mercancía de B reemplaza á la mercancía de A; pero A y B no cambian recíprocamente sus mercancías. Puede suceder, en realidad, que A y B compren recíprocamente el uno del otro; pero esa relación especial no es absolutamente impuesta por las relaciones generales de la circulación de las mercancías. En ésta se ve, por una parte, cómo el cambio de las mercancías rompe los límites individuales y locales del trueque inmediato de productos y desarrolla la asimilación y desasimilación del trabajo humano. Por otra parte, se desarrolla todo un círculo de conexiones sociales naturales, independientes de las personas que hacen el comercio. El tejedor no puede vender tela sino porque el campesino ya ha vendido trigo, ni el agente la biblia sin que el tejedor haya vendido tela, ni el destilador aguardiente sino porque el otro ha vendido ya el agua de la vida eterna, etc.

El proceso de la circulación no se detiene, pues, como el trueque inmediato de productos, con el cambio de lugar ó de manos de los valores de uso. El dinero no desaparece, aunque al fin salga de la serie de metamorfosis de una mercancía. Él se precipita siempre sobre un punto de la circulación evacuado por las mercancías. Por ejemplo: en la metamorfosis total de la tela, tela — dinero — biblia, sale primero la tela de la circulación, y en su lugar entra moneda; sale después la biblia de la circulación, y en su lugar entra moneda. El reemplazo de mercancía por mercancía pone la mercancía-moneda en manos de un tercero[1]. La circulación suda constantemente dinero.

Nada más necio que el dogma según el cual la circulación de las mercancías implica necesariamente un equilibrio entre las ventas y las compras, porque toda venta es compra, y viceversa. Si quiere decir que el número de las ventas realmente realizadas es igual al de

  1. Por palpable que sea este fenómeno, pasa inadvertido, sin embargo, para la mayor parte de los economistas, sobre todo para el librecambista vulgar.