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Página:El Capital (1898).pdf/95

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EL CAPITAL

las compras, es una mezquina tautología. Pero con eso se pretende probar que el vendedor conduce al mercado á su propio comprador. Venta y compra son un acto idéntico como relación recíproca entre dos personas poláricamente opuestas: el poseedor de la mercancía y el poseedor de la moneda. Son dos actos poláricamente opuestos como acciones de la misma persona. La identidad de venta y compra implica, pues, que la mercancía se vuelve inútil cuando, arrojada en la retorta alquimista de la circulación, no sale de ella como moneda, no es vendida por su poseedor, es decir, comprada por el poseedor de moneda. Esa identidad implica, además, que el proceso, si sale bien, constituye un punto de reposo, un período de la vida de la mercancía, que puede durar más ó menos tiempo. Como la primera metamorfosis de la mercancía es al propio tiempo venta y compra, ese proceso parcial es al propio tiempo proceso independiente. El comprador tiene la mercancía; el vendedor, la moneda, es decir, una mercancía de forma apta para la circulación, cualquiera que sea el momento de su reaparición en el mercado. Nadie puede vender sin que otro compre. Pero nadie necesita inmediatamente comprar porque ha vendido. La circulación rompe las barreras individuales, locales y de tiempo que limitan el cambio de productos, suprimiendo precisamente la identidad inmediata del cambio del producto del trabajo propio y la adquisición del producto del trabajo extraño, dividiéndola en el contraste de venta y compra. Que ambos procesos independientes forman una unión interna, significa tanto como que su unidad interna se mueve en contrastes externos. Llegada á cierto punto la independización externa de los procesos internamente dependientes, como que se complementan entre sí, la unión se impone violentamente por una crisis. El contraste inmanente en la mercancía, de valor de uso y valor, de trabajo privado que tiene que exponerse al propio tiempo como trabajo inmediatamente social, de trabajo concreto especial, que al propio tiempo no vale sino como trabajo abstracto general; esta inmanente contradicción adquiere sus formas desarrolladas de movimiento en los contrastes de la metamorfosis de la mercancía. Estas formas encierran, pues, la posibilidad, pero sólo la posibilidad, de las crisis. El paso de esa posibilidad á la realidad exige todo un conjunto de circunstancias que desde el punto de vista de la circulación simple de mercancías no existen aún[1].

  1. Compárense mis observaciones sobre James Mill, en Zur Kritik... etc., páginas 74-76. En esta cuestión, dos puntos son característicos del método de la Economía apologética: primero, la identificación de la circulación de mercancías con el trueque inmediato de productos, haciendo simplemente abstracción de sus diferencias, y segundo, la tentativa de negar las contradicciones del proceso de la producción capitalista, reduciendo las relaciones de sus agentes á las relaciones simples que resultan de la circulación de mercancías. Pero la producción y la circu-