del valor de la moneda, y después varía la masa de los medios de circulación directamente como el precio de las mercancías. Un fenómeno idéntico acaecería si, por ejemplo, el valor del oro no descendiera, sino que la plata lo reemplazara como medida del valor, ó el valor de la plata no subiera, sino que el oro la desalojara de la función de medida del valor. En el primer caso, debería circular más plata que antes oro; en el segundo, menos oro que antes plata. En ambos casos habría variado el valor del material monetario, es decir, de la mercancía que funciona como medida de los valores, y, por lo tanto, la expresión precio de los valores de las mercancías y la masa de la moneda circulante que sirve para realizar esos precios. Hemos visto que la esfera de la circulación de las mercancías tiene un agujero por donde el oro (la plata, en una palabra, el material de la moneda) entra en ella como mercancía de un valor dado. Este valor es supuesto al funcionar la moneda como medida del valor, es decir, en la determinación de los precios. Ahora, si, por ejemplo, baja el valor de la medida misma del valor, esto se manifiesta, en primer lugar, en el cambio de precio de las mercancías que en las fuentes de producción de los metales preciosos se cambian inmediatamente con ellos como mercancías. Una gran parte de las otras mercancías, sobre todo donde la sociedad burguesa esté aún poco desarrollada, serán avaluadas por largo tiempo todavía según el antiguo valor, ahora ilusorio, de la medida del valor. Pero una mercancía contagia á la otra por medio de su relación de valor con ella; los precios oro ó precios plata de las mercancías se igualan gradualmente en las proporciones determinadas por sus valores mismos, hasta que al fin los valores de todas las mercancías son apreciados según el nuevo valor del metal moneda. Este proceso de nivelación es acompañado por el continuo aumento de los metales preciosos que entran á reemplazar las mercancías directamente trocadas con ellos. Á medida, pues, que se generaliza el precio corregido de las mercancías, ó que sus valores son apreciados según el nuevo, más bajo, y hasta cierto punto descendente, valor del metal, está ya disponible la nueva cantidad de éste necesaria para su realización. La observación unilateral de los hechos que siguieron al descubrimiento de las nuevas minas de oro y plata, condujo en el siglo XVII, y sobre todo en el XVIII, á la equivocada conclusión de que los precios de las mercancías habían subido porque mayores cantidades de oro y plata funcionaban como medios de circulación. En lo que sigue, el valor del oro se supone dado, como de hecho lo está en el momento de la fijación de los precios.
En este supuesto, pues, la masa de los medios de circulación es determinada por la suma de los precios de las mercancías que hay que realizar. Supongamos dado también ahora el precio de cada es-